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lunes, 3 de octubre de 2011

SOLSTICIO DE INVIERNO 9º AKANO

Guayre Adarguma Anez’ Ram n Yghasen*
                                                                                                 
Entre los fieles de la Iglesia del Pueblo Guanche la celebración del Solsticio de invierno tiene un sentido de integración, de unidad y reforzamiento de vínculos con los pueblos, ya que toda peregrinación es hermandad, ayuda mutua en el camino y compartir servicios; símbolo y representación de ese viaje que es la vida y que los canarios queremos inculcarlo de entendimiento y fraternidad,   aspectos fundamentales de nuestra cultura guanche.

En la ancestral cultura canaria y  hasta ahora honrar a la Sol –Magek, que además de ser un astro simboliza el aspecto visible de la Diosa-Madre Chaxiraxi-, tiene el sentido de glorificar la vida que bajo su poder germina, crece y madura.

Nosotros, seres humanos, hemos vivido cientos de miles de años en estrecho contacto con la naturaleza, siendo parte de ella misma. Solamente estos últimos siglos hemos construido ciudades y nos hemos alejado de ella. Pero todo nuestro ser sigue respondiendo a esos ciclos, llevamos ese programa en nuestros genes.

Porque  la Sol es fuego. Y el fuego es energía que purifica seres y cosas.

La víspera del Solsticio de invierno es la noche más larga del año, luego de ese momento clave y durante los seis meses siguientes, las noches se acortan y los días se alargan. En el ambiente hay más luz disponible y con ello mayor abundancia.

Por ello esperamos con júbilo la salida de la Sol en las plazas, en las cumbres de los cerros y en las llanuras, toda la familia estrechamente reunida: varones y mujeres, ancianos y niños.

Cuando la Sol  aparece en el horizonte atronan en el aire los bucios, se oye el agudo silbido de los ajijide, los sones de las flautas y el retumbar de los tambores estremecen las plazas, los barrancos y los montes.

Y nuestra felicidad a partir de ahora es tan grande como ha sido nuestra desdicha,  porque sabemos quienes somos, hemos probado que somos fuertes, recios y puros. Y por la victoria futura que el destino nos debe.

En la Iglesia del Pueblo Guanche el Solsticio de Invierno es considerado como un renacer.

En esta época del año toda la naturaleza se renueva. La época de cosecha y el descanso necesario de la tierra ha finalizado y ya la tierra se encuentra preparada nuevamente para la siembra , para su tiempo de fertilidad. Este es el momento donde la vida regresa a la tierra en todo su esplendor, ya que Magek se está acercando nuevamente con su luz y calor.

Pero no sólo la naturaleza se renueva, también los seres humanos. Al sabernos parte de la naturaleza, los fieles de Diosa-Madre Chaxiraxi establecemos con ella relaciones de reciprocidad.

La importancia de esta relación primordial la expresamos en la identidad social, cultural y religiosa del pueblo guanche, siempre vinculada al culto de la naturaleza, a los elementos que la constituyen: la Sol (Diosa Magek), la Tierra (madre tierra), los árboles como el Pino, el Drago o el Aceviño y los animales, todos sagrados en este mundo donde la vida es el mayor tesoro.

La mayoría de las religiones antiguas celebramos el Solsticio de Invierno entre el 21 y el 24 de diciembre del calendario occidental actual, confesiones más modernas como la católica apostólica romana, y otras de raíces judeo-cristianas sincretizaron esta milenaria celebración atribuyéndosela a nacimiento de su Mesías Jesucristo. A pesar de la tradición piadosa, todos los estudiosos saben en la actualidad que, en realidad, la elección de esta fecha para señalar el nacimiento de Jesús no es más que una adaptación de un rito  anterior de otras religiones.
Sin ánimo de entablar polémica ni faltar al respeto a los católicos de buena fe, es preciso aclarar que los sucesos milagrosos que dan pie a las fiestas cristianas de navidad fueron consignados para la historia mucho tiempo después de que ocurrieron, y de los cuales no se tiene aún certeza científica. El del nacimiento de Jesús el Cristo cerca de dos siglos después, en el primero de los evangelios consignados en el Nuevo Testamento de la Biblia.
Debe decirse que no se sabe la fecha precisa en que Jesús de Nazareth nació, pero diversos investigadores presumen que la Iglesia Católica, en su afán de expansión, fijó el día en la efeméride posterior más próxima al primer solsticio de invierno de la era en que llevamos la cuenta progresiva de los años. La razón que les indujo a ello es que las religiones más antiguas festejamos en el solsticio de invierno, el nacimiento de la Sol.

Los pueblos de la antigüedad que celebraban durante el solsticio de invierno (desde el 21 de diciembre), alguna fiesta relacionada al dios o los dioses del Sol, como Apolo y Helios (en Grecia y Roma), Mitra (en Persia), Huitzilopochtli (en Tenochtitlan), entre otros. Estas culturas creían que el dios del Sol nació el 21 de diciembre, el día más corto del año, y que los días se hacían más largos a medida que el dios se hacía más viejo.

La evidencia más temprana de la preocupación por la fecha de la navidad por parte de los cristianos se encuentra en Alejandría, cerca del año 200 de la  era occidental actual, cuando Clemente de Alejandría indica que ciertos teólogos egipcios “muy curiosos” asignan no sólo el año sino también el día real del nacimiento de Cristo como 25 pachon (20 de mayo) en el vigésimo octavo año de Augusto.

El Papa Julio I pidió en el año 350 que el nacimiento de Cristo fuera celebrado el 25 de diciembre, lo cual fue decretado por el Papa Liberio en 354. La primera mención de un banquete de navidad en tal fecha en Constantinopla, data del 379, bajo Gregorio Nacianceno.

En Antioquía, probablemente en el año 386, Juan Crisóstomo impulsó a la comunidad a unir la celebración del nacimiento de Cristo con el del 25 de diciembre, aunque parte de la comunidad ya guardaba ese día por lo menos desde diez años antes.

La elección de esta fecha se debía a que dichos cultos celebraban el solsticio de invierno, momento en el que la Sol culmina su descenso para después iniciar de nuevo su ascenso triunfante. De este modo, en la antigüedad identificaron esa fecha con la de la resurrección de la Sol, la festividad de la Sol Invictus (Sol invencible) asociándola después al propio Cristo.

En el panteón romano se consideraba a Jano el dios de los solsticios, las “puertas solsticiales” o “puertas del cielo”. Así, el solsticio de verano —fecha a partir de la cual la luz diurna se va reduciendo diariamente— era llamado janua inferni, la puerta del infierno o de los hombres, y el solsticio de invierno, janua coeli, la puerta de los dioses. Además, esta divinidad era para los miembros de los collegia fabrorum romanos –los constructores–, el dios de iniciación a los misterios. Durante la edad media europea los gremios de arquitectos y maestros canteros –los constructores de catedrales- mantuvieron  la pervivencia de la veneración a Jano, aunque bajo la forma de los dos juanes –Bautista y Evangelista–, cuyas festividades coinciden precisamente con los dos solsticios. Cuya representación guarda más de una similitud con la del dios romano.

Tal y como comenta Isaac Asimov en su “Guía de la Biblia”: “Podría ensamblar el cristianismo sin sobrepasar su felicidad de Saturnalia. Era solamente necesario que ellos justamente saluden el nacimiento del hijo en vez que el del Sol”. Por lo que la Navidad cristiana no es imitación, ni parodia de estas fiestas no cristianas del nacimiento de los dioses solares; como si los dioses no cristianos y Jesucristo hubieran nacido el mismo día.

En las religiones más antiguas y significadas del Norte de África,  el culto a la Sol está íntimamente asociada a la veneración por los antepasados. Aunque es un hecho universal, obedece a la relevancia que los  canarios asignamos al disco solar aspecto visible de Magek, como símbolo del renacimiento cotidiano, de la regeneración estacional, representando la encarnación plena de la inmortalidad, lugar de acogida de los Espíritus Libres de nuestros ancestros,  con su retorno diario, en el que se ve acompañado por los Espíritus Vitales de los difuntos, que vuelven cada día para favorecer a sus familiares vivos.

Esta realidad espiritual está latente en los sentimientos más profundos de los canarios a pesar de la enorme carga cultural y espiritual europea impuesta desde hace siglos.

Reflexión:

Creemos que la humanidad tiene derecho a la felicidad de tener sus necesidades básicas cubiertas durante toda la vida, no sólo  unos días al año durante los cuales ciertas confesiones religiosas y el sistema capitalista deshumanizado predican el consumismo desaforado de unos cuantos pudientes a costa de las miserias del resto de los seres humanos, amparados además en hipócritas y vanas palabras tales como: Amor, Paz y Felicidad.

 No podemos hablar de amor cuando millones de seres humanos mueren victimas de enfermedades elementales mientras que un sector del denominado primer mundo gasta miles de millones de euros en fármacos innecesarios, para enriquecer a las multinacionales farmacéuticas, y los miles de toneladas de medicamentos que son arrojado diariamente a los vertederos, o cuando los medios de comunicación de esta misma sociedad nos da hipócritamente las aterradoras cifras de los niños del “tercer” mundo que mueren a diario de hambre, al lado de las que gastan en peluquerías para perros, gatos y demás “mascotas”, la existencia de clínicas para animales alguna de ellas de lujo, las cuales son desvergonzadamente escandalosas, muestra del deprecio que esta sociedad consumista siente por el genero humano.

Una sociedad gravemente enferma corroída por su profundo egoísmo que trata de adormecer su mala conciencia mediante la creación de una Pléyada de asociaciones supuestamente benéficas y, cuyos fines últimos en un buen número de ellas no son los que propugnan públicamente, pero todas estas ONG compiten por obtener buenos pellizcos económicos de los gobiernos correspondientes además de aquellos que puedan sacar a la ciudadanía mediante mensajes sensibleros, mostrando manipuladas imágenes de  niños desnutridos y cubiertos de moscas y mocos, los mismos que por otra parte el sistema capitalista deja morir de hambre y enfermedades curables.

No podemos hablar de amor cuando millones de toneladas de alimentos son destruidos para mantener los precios del mercado. No podemos hablar de amor cuando unos pueblos son invadidos y saqueadas sus materias primas por otros, manteniéndolos en la más absoluta miseria económica y cultural.

No podemos hablar de amor cuando determinados países del primer mundo gastan más en armamento que el producto interior bruto de los países que directa o indirectamente someten y saquean. En fin... algunos sostienen que el amor bien entendido empieza por uno mismo...

No podemos hablar de amor mientras no desterremos de nuestras mentes y manera de actuar el concepto caridad y asumamos el de justicia social.

¿Qué hemos hecho con la madre tierra y los medios que esta produce para el sustento de todas las criaturas? ¿Hasta cuando vamos a continuar permitiendo que un sector descerebrado de la humanidad nos conduzca inevitablemente hacía nuestra autodestrucción?

Por ello, no podemos decir: Paz en la tierra entre los hombres de buena voluntad, porque estos hombre nunca hemos existido ni existirán mientras seamos nosotros quienes controlemos los medios que mueven al mundo. Jamás podrá reinar un mínimo de felicidad mientras desarrollemos nuestras actividades basadas en una continua y despiadada agresión a la madre tierra. Jamás sabremos comprender la palabra AMOR hasta que renunciemos a nuestra soberbia y nos acojamos bajo el Manto Protector de Nuestra Diosa-Madre Chaxiraxi.


*Guadameñe de la Iglesia del Pueblo Guanche.

Want’ijussur Magek n 9º akano n tallit taynay tagwancet.

(Diciembre de 2009 del calendario occidental.)

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