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martes, 4 de octubre de 2011

ESPIRITUS





 Guayre Adarguma

La existencia de los espíritus (maxios) es, fundamentalmente, una verdad de  fe. La fe será, por consiguiente, el punto de apoyo para sondear la naturaleza de los entes espirituales. Incluso la iglesia católica, que históricamente se ha erigido en perseguidora de los espíritus “paganos”, admite la existencia de éstos sincretizados como ángeles desde el Antiguo Testamento hasta la actualidad. Así, la iglesia católica afirma en el credo la existencia de “seres invisibles”; en el concilio IV de letrán (1215) y en el Vaticano I (1870,) lo define expresamente; la liturgia católica canta la existencia de los espíritus, en el Prefacio y los invoca en el Canon: “Te rogamos, oh Dios todopoderoso, que mandes llevar estos dones a tu excelso altar por manos de tu santo Ángel”. Para el hombre moderno canario, “que no acierta a pensar en los espíritus con la transparencia espiritual y la sutileza de los antiguos”.

El Doctor de la iglesia católica (Agustín de Hipona, de orígenes mazigio y pagano, que veneraba a Tanit antes de su conversión al cristianismo) formula una razón de conveniencia de extraordinaria hondura teológico,  y perfectiva: “Es necesario admitir la existencia de algunas criaturas incorpóreas –dice– porque lo requiere la perfección del universo” (1 q50 al). Quien ve con ojos limpios la obra creadora de  Dios, sabe encontrar y unir los hilos que lo tornan inteligible.

El análisis del teólogo se hace sutilísimo. Los entes mediadores son criaturas totalmente espirituales, sustancias completas, superiores  al hombre e inferiores a la Diosa, con una enorme capacidad de inteligencia y de amor, elevadas al orden sobrenatural, sometidas a una prueba que determinó la distinción entre espíritus buenos y espíritus malos. Los espíritus buenos, los Espíritus Libres que están en la presencia de la Diosa, los Espíritus Vitales bienaventurados, a los que se les permite morar en el Sagrado Valle de Eguerew, “forman una multitud inmensa, superior a la muchedumbre de los seres materiales, porque la Diosa-Madre Chaxiraxi que mantiene perfecta la creación, abre más la mano en la cantidad a medida que sus criaturas son más perfectas, más espirituales. No hay, además, dos entes de la misma especie, sino que cada uno tiene la suya propia.
 
Los espíritus ancestrales en las fuentes

 […] en sus cuevas a modo de templo imploraban a sus antepasados, los Majos, Maxios, Maluos, Mahoreros o Magos que eran sus espíritus.

Parece que por lo que los Maxoreros i Canarios creían, admitían la inmortalidad del alma, que no sabían luego explicar. Tenían los de Lancarote y Fuerte Ventura unos lugares o cuebas a modo de templos, onde hacían sacrificios o agüeros según Juan de Leberriel, onde haciendo humo de ciertas cosas de comer, que eran de los diesmos, quemándolos tomaban agüero en lo que hauían de emprender mirando a el jurno, y dicen que llama­ban a los Majos* que eran los spíritus de sus antepasados que andaban por los mares i uenían allí a darles auiso quando los llamaban, i estos i todos los isleños llamaban encantados, i dicen que los veían en forma de nuuecitas a las orillas de el mar, los días maiores de el año, quando hacían grandes fiestas, aunque fuesen entre enemigos, i veíanlos a la madrugada el día de el maior apartamento de el sol en el signo de Cáncer, que a nosotros corresponde el día de San Juan Bautista.

Magos, Manos, Majios y Maxios en otras versiones. Tenían los antiguos observado que en este mundo andaban mezclados con los vivientes ciertas sombras ocultas a la vista, o algunos de los vivientes, o sus sitios, se ocultaban y podían ocultar a los vivos. Lo primero entendían en los manes, o almas de los difuntos, que llamaban encantados, y de ellos tenían grandes consejas, y mayormente los canarios de esta isla (Cana­na), y todas dimanan u originan de grandezas de príncipes hechos leones, aves, palomas, nieblas, nombrando casi siempre los montes claros que son en África los de Atlante, de donde parece tenían su origen, y muchos ríos y arboledas de aquellos sitios, de donde se verifica tenían el alma por inmortales. Estos antepasados nuestros sabían perfectamente de su lugar de origen, de los montes claros de las montañas del Atlas. (Marín de Cubas en: Hupalupa, 1987:55)

Los guanches de Tenerife y, con toda probabilidad el resto de las poblaciones insulares, creían que los espíritus de sus antepasados iban a parar a la Sol, astro que, consideraban como Ser Superior por excelencia (junto con el Dios del Cielo, que sostiene) y era, por tanto, objeto de adoración. Esta deidad solar se sintetizaría de la siguiente manera: creían que los espíritus de sus antepasados iban a parar a la Sol, y cada mañana a su salida por el Este aparecían por el firmamento, realizando el itinerario diurno hasta que finalmente desaparecían, para de nuevo regresar al día siguiente.
La isla de Fuerteventura fue dividida al través con una Pared de más de  cuatro leguas de mar a [mar], término de dos Reyes, el de hacía Canaria llaman Ayose y el de hacía el Norte Guise; cada uno se gobernaba por una mujer, que ambas hablaban con el demonio,[1] llamadas Tamonante y Tibiabin, éstas apaciguaban las discordias, maestras de ritos y ceremonias, avisaban de casos contingentes. (Marín de Cubas, 1993:104-5)
…otros ponían el cuerpo boca abajo hablando algunas palabras dentro de un hoyo, y así llamaban al ausente aunque fuese de muy larga distancia. (Tomás Marín de Cubas, 1993:220-1)
Una aproximación al término “Maxo”
El Dr. José Barrios García,[2] en un documentado trabajo presentado en las III Jornadas de Estudios sobre Fuerteventura y Lanzarote, el cual por su indudable interés para el tema que nos ocupa reproducimos en su casi totalidad, sostiene: “Como veremos a continuación, creían los majoreros que las personas estaban compuestas de un cuerpo material y de, al menos, un espíritu que pervivía después de su muerte. A este espíritu llamaban maxos, palabra que en otros textos aparece, como maxios, majos, magos, etc. Tanto el término “majo”, como el de “majorero”, han sido tradicionalmente uti­lizados por las fuentes escritas y la tradición oral como gentilicio para de­signar a los naturales de Fuerteventura y Lanzarote. Además, según cier­tos autores: Maho (Abreu), Maoh (Torriani), Mahorata (Viana), era tam­bién el nombre que le daban algunos a estas dos islas.

Desde este punto de vista, tanto las dos islas como sus habitantes, vi­vos o muertos, parecen haber recibido, según algunas versiones, el mis­mo nombre de: maho, majo, magio, maxio, etc. Esta palabra es relacio-nable lingüística y semánticamente con el etnómino con el que se deno­minan a sí mismas las poblaciones comunmente llamadas beréberes; se­gún Salem Chaquer et al:
La lengua de los touaregs, que es una forma del beréber, se di­vide en varios dialectos mutuamente inteligibles con muy poco esfuerzo...

Para designarse a ellos mismos, estos pastores nómadas del Sa­hara Central, como todos los bereberes, utilizan el término Ama-jeg/Imuhag, con variantes dialectales múltiples: Amaheg, Amaceg, Amazig... que podemos seguir desde la antigüedad: Maxyes de He-rodoto, Mazyes de Mecateo, Mazices y Mazaces de la época latina”.

Para Prasse, la forma primitiva de este término sería á-mahzíg, y la forma ámáhág, variante dialectal de los touaregs del Ahaggar, es señalada por algunos estudiosos como la más cercana lingüísticamente al “Majo” de Lanzarote y Fuerteventura. En esta línea de apreciaciones pa­rece claro que la palabra “majo” se correspondería precisamente con una variante dialectal insular del término panberéber con el que estas pobla­ciones se designan a sí mismas.

La adscripción por algunos historiadores de esta palabra como nom­bre de las dos islas orientales, puede entonces matizarse en el sentido de que, si lingüísticamente, designa una etnia, podría entonces, por exten­sión, designar el territorio que esta etnia ocupa; es decir, no sería éste el nombre de la isla, sino más bien el nombre del territorio que ocupa la etnia. Por otra parte, como nombre de las islas tenemos los más conoci­dos de Erbania (Fuerteventura) y Titerogaka (Lanzarote).
Los Maxos en las fuentes
A continuación presento algunas de las citas que se pueden encontrar en los textos historiográficos referidas al tema de los encantados o espí­ritus de los antepasados. Todos los textos claves se encuentran en alguno de los manuscritos que hoy conocemos del historiador de las Canarias, don Tomás Marín de Cubas (1643,1704), natural de Telde y nacido en el seno de una vieja familia de la localidad. Parece claro que la mayoría de estas noticias, como tantas otras, las tomó Marín de Cubas de la tra­dición oral, que en esta época debía abarcar a un alto porcentaje de po­blación que no sabía leer ni escribir y, en buena medida, constituida por descendientes de los antiguos canarios. La escasez de noticias estricta­mente referidas a Lanzarote y Fuerteventura, me ha motivado a recoger también aquellas referidas a otras islas, pues, sin que quepa hacer gene­ralizaciones gratuitas, algunas de las propias citas y de las tradiciones con­servadas en otras islas, hacen referencia a que la cultura de los “maxos” se hallaba extendida al resto del archipiélago con extensión y variantes a determinar.
Textos del Escudero

Parece por lo que los maxoneros y Canarios creían, admitían la inmortalidad del alma... Tenían los de Langarote y Fuerte Ventura unos lugares o cuebas a modo de templos, onde hacian sacrificios o Agüeros según Juan de Leberriel, onde haciendo humo de ciertas co­sas de comer, que eran de los diesmos, quemándolos tomaban agüe­ro en lo que havian de emprender mirando a el jumo, i dicen que llamaban los Majos que eran los spiritus de sus antepasados que an­daban por los mares y venían alli a darles aviso quando los llama­ban, i estos i todos los isleños llamaban encantados, i dicen que los veian en forma de nuvecitas a las orillas de el mar, los dias maiores de el año, quando hacian grandes fiestas, aunque fuesen entre ene­migos, i veíanlos a la madrugada el dia de el maior apartamento de el sol en el signo de Cáncer, que a nosotros corresponde el dia de S. Juan bautista.”
En esta cita del Escudero, podemos ver por un lado, quiénes eran los encantados, por otro, la forma que tenían los vivos de contactar con ellos, y cómo el término “encantado” era utilizado por todos los isleños.


Marín de Cubas, para Gran Canaria, señala:
A el alma decían que era hija de el sol, i a los fantasmas llama­ban Magios, que significaban encantados u ocultos que tenian allá otra vida de penas y afanes congojosa de lo qual andaban llevándo­les de comer a las cepulturas.”
Escudero dice:
En otro lugar que llaman campos o vosques de deleite están los encantados llamados maxios i que allí están vivos i algunos están arre­pentidos de lo mal que hicieron contra sus próximos i otros desva­rios. Esto decian los mas avisados faisanes”
Según esto, y sin excluir otras posibilidades, los magios, para los ma­joreros andaban por los mares, mientras que en Gran Canaria se encon­traban en “campos o vosques de deleite”. Para Tenerife, Scory  los si­túa en el Teide y en Agüere, pues nos dice:
Y los guanches, naturales de la isla, afirman estar aquí en la cal­dera del Teide el infierno, y que las almas de sus predecesores que han sido malos están detenidas en aquel lugar, pero las de los que han sido hombres de bien y valientes van a un valle graciosísimo, en el cual esta hoy fundada la gran ciudad de La Laguna”.

Formas que adoptan los Maxos
Según las fuentes que estamos manejando, lo más común es que los magios se manifiesten como nubes o vapores. Ya hemos visto la cita del Escudero, Marín añade:
Los canarios llamaban encantados a ciertos nublados o vapores levantados de los arroyos orillas de el mar a la parte de el sur de esta Isla de Canaria, que a la verdad duran por tres horas salido el Sol, unos hacen forma de torres, navios, hombres a caballo, ejérci­tos de a pie, y conforme corre el viento Norte o Noroeste en tiem­pos de Otoño que se recogen allí al sotavento de los montes: lo mis­mo es como causa natural en los ríos, y demás partes donde hay hu­medades y vapores.”
No obstante, Marín señala para Gran Canaria, otras formas que adop­taban los encantados:
«Tenían los antiguos observado que en este mundo andaban mez­clados con los vivientes ciertas sombras ocultas a, la vista o a algunos de los vivientes o sus sitios se ocultaban, y podían ocultar a los vi­vos; lo primero entendían en los Manes, o Almas de los difuntos, que llamaban encantados y de ellos tenían grandes consejas; y ma­yormente los Canarios de esta isla [G. C.], y todas dimanan u origi­nan de grandezas de Príncipes hechos leones, aves, palomas, nieblas nombrando casi siempre los montes claros que son en África, los de Atlante de donde parece tenían su origen, y muchos ríos, y arbole­das de aquellos sitios.»
Más adelante, añade Marín:
.
Afirmábanla los canarios de memoria en memoria de que tenían hechos romances o jácaras aun de su origen que decían haber venido encantados en forma de Aves desde África del monte Atlan­te, que llamaban montes claros con grandes fábulas, y ficciones.”
Lo mismo parece señalar la tradición oral palmera del “Vacaguaré”, cuando los restos de Acerina, formando una sombra, se trasladan como una nube por el mar en busca de su amado Atanausú.

Los “encantados” y el solsticio de verano
La fecha de San Juan está relacionada de diversas formas con los en­cantados y los encantamientos. Según Marín:
De las particularidades que los Ysleños tubieron en algunas is­las lo primero decían que el año que aparecían los Majos, o encan­tados, que son ciertas nubes a la parte de el sur por los días maiores de el año que es a fines de Junio tenian por prognostico serles el año feliz de fructos y creían haver en ello algo sobrenatural...”
También recoge Marín la tradición de que:
Un día [como consecuencia de la mortandad que hicieron entre los canarios los expedicionarios de 1393, al desembarcar en Jinámar y Arguineguín precisamente en las fiestas solsticiales] amaneció la plaia de jinamar dicen ellos llena de encantados como en Argane-guin que después les quedo como proverbio para acallar los niños de-cian"Atit Maxos" "cata los encantados"...» (José Barrios García)
Según Sir Edmond Scory refiriéndose a los guanches de Tenerife nos dice: “los espíritus de los hombres que fueron buenos y valientes iban a un valle hermoso que correspondería físicamente a la ubicación actual de la ciudad de La Laguna, en Tenerife. Aún así, el destino final de los espíritus era acabar morando en la Sol. La condición de valle sagrado de Aguere facilitaba el uso del mismo tanto por personas como por los rebaños de los diferentes menceyatos aún cuando hubiese enfrentamientos entre ellos.
Como antes hacíamos mención, Sir Edmond Scory explicaba en sus escritos el destino que le esperaba al espíritu de todas aquellas personas que no obraron bien en su vida.
Quisiéramos referirnos en este apartado a la existencia del viaje de los Espíritus Vitales, o si se quiere, al lugar definitivo en que se hallan, puesto que si atendemos al texto de Scory, las “almas” de los que han sido malos “están detenidas en aquel lugar”, (el Echeyde) no como una situación definitiva, sino como un paso previo antes de su ubicación final en el seno de la Sol, donde después de un tiempo indeterminado pasa a integrarse en la esencia universal de la Diosa-Madre Chaxiraxi. (En: Guayre Adargua, 2008)Según recpoge Tejera Gaspar: “Esta tradición  solar se sintetizaría de la siguiente manera: creían que los espíritus de sus antepasados iban a parar al Sol, y cada mañana a su salida por el Este aparecían en el firmamento, realizando el itinerario diurno hasta que finalmente desaparecían, para de nuevo regresar al día siguiente. En muchas culturas este viaje de las almas en su morada solar se ha simbolizado con un carro; en Tenerife, este medio ha sido sustituido por pájaros y, en islas como El Hierro, se asimiló a una casa.” (Tejera Gaspar)
El científico y escéptico en temas religiosos Dr. Ignacio Reyes García,[3] en un interesante trabajo en torno a la espiritualidad del pueblo guanche expone:
“Algunos indicios permiten conjeturar que los antiguos isleños concebían el espíritu humano como una emanación de la poderosa luz solar, pero compuesto a su vez por dos almas, una sutil y otra vegetativa, igual que ocurría en las tierras del Nilo.”
Más adelante continúa: “Para la milenaria cultura amazighe, la realidad se concibe como un ámbito más complejo que el entorno puramente físico o terrestre, donde, por cierto, todo vive y posee voluntad propia. Otros planos sobrenaturales, donde habitan almas, espíritus y deidades, también interactúan con nuestro escenario material. Así las cosas, la muerte se entiende sólo como un tránsito a otra situación o estado. El ser humano no desaparecería con la extinción de su envoltura más densa o mortal, acontecimiento que, sin embargo, liberaría no una sino dos almas del difunto.
En líneas generales, la formulación que describe la naturaleza del ser y sus propiedades trascendentales (ontología) desde el antiguo Egipto hasta Canarias se resume en un característico principio dualista: un alma vegetativa, que permanece por más o menos tiempo cerca del cuerpo y hábitos terrestres del fallecido, mientras el alma sutil vuelve al espacio de luz o energía que, por demás, constituye su esencia. Con todo, la terminología conservada a este respecto en las Islas no acredita de manera categórica ese dualismo del alma, aunque no sólo las voces correspondientes sugieren esa representación.” (Ignacio Reyes García, 2009)









[1] Los católicos de la época (como de la actual) tendían a demonizar aquellos aspectos de otras culturas que no comprendían o que no estuviesen de acuerdo con los dogmas cristianos.
[2] José Barrios García es Doctor en Ciencias Históricas (Antropología); Licenciado en Ciencias Matemáticas; Profesor Titular de Análisis Matemático, Universidad de La Laguna.
[3] Ignacio Reyes García nació en  Santa Cruz Tenerife en  1962. Es Doctor en Filología y Licenciado en Historia por la Universidad de La Laguna.

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