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lunes, 30 de abril de 2012

POLÍTICA Y RELIGIÓN




Guayre Adarguma*

Está claro que en una sociedad que pretenda ser un poco más justa y avanzada de la que “disfrutamos” actualmente, no se debe mezclar los sentimientos de la política con los de  la religión, sean estas del signo que sean, pues aunque aparentemente puedan coincidir en la búsqueda de la implantación en la sociedad de determinados aspectos, en principio beneficiosos para el conjunto de la misma, y entender que ambas concepciones de la vida persiguen un mismo fin por diferentes medios, la verdad es que, tradicionalmente, en cuanto una u otra alcanzan determinadas cotas de poder material o espiritual, la una tratará de anular a la otra o la otra a la una, o lo que históricamente ha venido sucediendo, que las dos concepciones, la política y la religiosa lleguen a un acuerdo de acción conjunta, con lo cual generalmente retoman, mantienen y aplican, por vía de la fuerza aquellos principios sociales o morales que decían combatir, sólo que en función de sus respectivos intereses (y ya sabemos que a reunión de pastores, oveja muerta) es decir, reimplantarían el despiadado fanatismo, tanto religioso como político, sistema experimentado en propias carnes por nuestro pueblo durante siglos y que, como consecuencia del cual, no dejan de supurar las dolorosas llagas de este cuerpo de pueblo, pues determinadas confesiones no le permiten que cicatricen, y pienso que en un futuro otras similares tampoco se lo permitirían.

Hay quienes desconocen en cierta profundidad la historia colonial de nuestro pueblo, o bien el fanatismo les impide valorar debidamente las atrocidades cometidas contra el mismo por la secta judeo-cristiana católica, o las barbaridades de igual signo y que, en nombre del mismo dios, han cometido las sectas denominas protestantes en los pueblos de nuestro continente, así como en América y en Asia.

Cuando algunos individuos se niegan a reconocer estos crímenes cometidos contra la humanidad, y aún los justifican, indudablemente son fanáticos; seres alienados incapaces de pensar por sí mismos, auténticos zombis perfectamente programados por los elementos dominantes de sus correspondientes sectas; máquinas semi humanas programadas para obedecer ciegamente,  para masacrar, extorsionar, robar,  matar y aniquilar a otras culturas a la menor indicación de sus dirigentes.

Personalmente, ruego a la Diosa Chaxiraxi para que el día que nuestra Matria se vea libre del actual estatus de sometimiento, en la futura República canaria, individuos con las características que he enunciado no ocupen ningún cargo o responsabilidad que le proporcionen la mínima cota de poder, tanto en la vida política como en la espiritual que la sociedad decida asumir, para que, por fin, este desgraciado pueblo pueda de una vez cerrar sus sangrantes llagas y cicatrizar sus centenarias heridas, y su ancestral sed de justicia se vea plenamente saciada. 

Posible se pregunten cómo es posible que un miembro de la Iglesia del Pueblo Guanche se exprese en estos términos. Verán, nuestra Iglesia no se rige por los principios monoteístas y absolutistas-machista de otras confesiones. Nuestro mensaje o mandato lo hemos asumido de la Diosa-Madre Universal Chaxiraxi, (algún día cuando mi Espíritu Libre viaje al seno de Magek, posiblemente se dará a conocer entre los fieles el mecanismo usado por la Diosa-Madre para trasmitirnos su mensaje), pero la obra en este plano de la realidad, -que es labor de rescate no de creación- la hacemos seres humanos, por consiguiente es posible que la misma esté plagada de errores. No obstante, nos esforzamos para que tanto nuestras obras como nuestra forma de vida estén acordes con el mensaje de la Divinidad.

*Seudonimo de Eduardo Pedro García Rodríguez.

Faykanato n Chinet 31 n wanmendi n 7º akano n tallit taynay tahwancet.



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