b e n c h o m o @ t e r r a . e s
viernes, 23 de septiembre de 2011
ACTO DE HOMENAJE
Emotio Guanche, Puntal de puntales
Un grupo de amigos tuvimos, el pasado viernes 16, la oportunidad de expresar a nuestro amigo Emotio Guanche nuestra amistad y profunda consideración, con motivo de su cumpleaños, en un sencillo a la par que emotivo acto de homenaje desarrollado en la sede de la Asociación Auchones Libres de Canarias, donde al son de nuestro ancestral Tajaraste, tuvimos la dicha de compartir bebidas y alimentos en franca hermandad y, sin duda alguna, arropados por los Espíritus Vitales de nuestros antepasados.
En este mundo globalizado en que se han empeñado en incrustarnos los poderes facticos que pretenden la implantación de unas sociedades despersonalizadas, centradas en el consumo masivo de ciertas bebidas refrescantes, comidas basuras, y elementos tecnológicos destructores de la Naturaleza, la palabra “espíritu” no está de moda. Mucho menos la palabra “nobleza”. En las sociedades supuestamente democráticas que idolatran el utilitarismo, “nobleza” y “espíritu” suenan a arrogancia, a grandilocuencia hueca.
Se considera la verdadera nobleza del hombre obedeciendo a la recta razón, tener un espíritu justo y aderezado por la virtud. Es un valor intrínseco de la persona, consustancial y natural.
Por lo tanto, la nobleza es un conjunto de valores naturales que enaltecen a la persona, dotándola de unas cualidades de franqueza y justicia universal. Se podría decir que son personas que, en el día a día, denotan educación, buenos principios y urbanidad.
La palabra amistad es usada un sin numero de veces y para un sin numero de cosas, y cuando digo cosas, me estoy refiriendo a que se le da este nombre a hechos o personas que en realidad no tendrían porque tener este titulo.
Es decepcionante ver como el sistema imperante va vaciando de contenido las palabras transformando su verdadero significado, convirtiéndolas en baladí, por ejemplo, en determinadas redes sociales se dice que puedes contar con cientos e incluso con miles de amigos, la cuestión es: ¿Quiénes propugnan tan alegremente la palabra amistad, conocen realmente el sentido de la misma? Es probable que no. Para nosotros el amigo verdadero no puede tener, para su amigo, dos caras: la amistad, si ha de ser leal y sincera, exige renuncias, rectitud, intercambio de favores, de servicios nobles y lícitos.
El amigo es fuerte y sincero en la medida en que, de acuerdo con la prudencia sobrenatural, piensa generosamente en los demás, con personal sacrificio. Del amigo se espera la correspondencia al clima de confianza, que se establece con la verdadera amistad; se espera el reconocimiento de lo que somos y, cuando sea necesaria, también la defensa clara y sin paliativos.
En esta materializada sociedad en que nos vemos obligados a desenvolver nuestras vidas, es cada día más difícil encontrarnos con personas en las que concurran sin paliativos las virtudes de la nobleza de espíritu, el honor y la verdadera amistad.
Servicial sin servilismos, modesto pero al mismo tiempo sanamente altivo y orgulloso de su estirpe y su cultura, acérrimo defensor de su etnia diferente y diferenciada.
La Divinidad en su infinita sabiduría en ocasiones se digna tocar con su dedo a determinados seres humanos convirtiéndolos así, en seres privilegiados y diferenciados del común de los mortales, este es el caso de nuestro amigo Emotio Guanche, un ser cuya grandeza espiritual le induce a integrarse plenamente en la Naturaleza en lugar de vivir de ella.
Amigo Emotio Guanche, desde la redacción de elcanario.net, hacemos votos para que durante toda tu vida continúes conservando tu innato y profundo sentido de la amistad, nobleza de espíritu y, sentido del honor que anidan en tu pecho, así como el gran amor que profesas a nuestra Naturaleza y a Nuestra Matria.
16 septiembre de 2011.
ACTO DE HOMENAJE
Emotio Guanche, Puntal de puntales
Un grupo de amigos tuvimos, el pasado viernes 16, la oportunidad de expresar a nuestro amigo Emotio Guanche nuestra amistad y profunda consideración, con motivo de su cumpleaños, en un sencillo a la par que emotivo acto de homenaje desarrollado en la sede de la Asociación Auchones Libres de Canarias, donde al son de nuestro ancestral Tajaraste, tuvimos la dicha de compartir bebidas y alimentos en franca hermandad y, sin duda alguna, arropados por los Espíritus Vitales de nuestros antepasados.
En este mundo globalizado en que se han empeñado en incrustarnos los poderes facticos que pretenden la implantación de unas sociedades despersonalizadas, centradas en el consumo masivo de ciertas bebidas refrescantes, comidas basuras, y elementos tecnológicos destructores de la Naturaleza, la palabra “espíritu” no está de moda. Mucho menos la palabra “nobleza”. En las sociedades supuestamente democráticas que idolatran el utilitarismo, “nobleza” y “espíritu” suenan a arrogancia, a grandilocuencia hueca.
Se considera la verdadera nobleza del hombre obedeciendo a la recta razón, tener un espíritu justo y aderezado por la virtud. Es un valor intrínseco de la persona, consustancial y natural.
Por lo tanto, la nobleza es un conjunto de valores naturales que enaltecen a la persona, dotándola de unas cualidades de franqueza y justicia universal. Se podría decir que son personas que, en el día a día, denotan educación, buenos principios y urbanidad.
La palabra amistad es usada un sin numero de veces y para un sin numero de cosas, y cuando digo cosas, me estoy refiriendo a que se le da este nombre a hechos o personas que en realidad no tendrían porque tener este titulo.
Es decepcionante ver como el sistema imperante va vaciando de contenido las palabras transformando su verdadero significado, convirtiéndolas en baladí, por ejemplo, en determinadas redes sociales se dice que puedes contar con cientos e incluso con miles de amigos, la cuestión es: ¿Quiénes propugnan tan alegremente la palabra amistad, conocen realmente el sentido de la misma? Es probable que no. Para nosotros el amigo verdadero no puede tener, para su amigo, dos caras: la amistad, si ha de ser leal y sincera, exige renuncias, rectitud, intercambio de favores, de servicios nobles y lícitos.
El amigo es fuerte y sincero en la medida en que, de acuerdo con la prudencia sobrenatural, piensa generosamente en los demás, con personal sacrificio. Del amigo se espera la correspondencia al clima de confianza, que se establece con la verdadera amistad; se espera el reconocimiento de lo que somos y, cuando sea necesaria, también la defensa clara y sin paliativos.
En esta materializada sociedad en que nos vemos obligados a desenvolver nuestras vidas, es cada día más difícil encontrarnos con personas en las que concurran sin paliativos las virtudes de la nobleza de espíritu, el honor y la verdadera amistad.
Servicial sin servilismos, modesto pero al mismo tiempo sanamente altivo y orgulloso de su estirpe y su cultura, acérrimo defensor de su etnia diferente y diferenciada.
La Divinidad en su infinita sabiduría en ocasiones se digna tocar con su dedo a determinados seres humanos convirtiéndolos así, en seres privilegiados y diferenciados del común de los mortales, este es el caso de nuestro amigo Emotio Guanche, un ser cuya grandeza espiritual le induce a integrarse plenamente en la Naturaleza en lugar de vivir de ella.
Amigo Emotio Guanche, desde la redacción de elcanario.net, hacemos votos para que durante toda tu vida continúes conservando tu innato y profundo sentido de la amistad, nobleza de espíritu y, sentido del honor que anidan en tu pecho, así como el gran amor que profesas a nuestra Naturaleza y a Nuestra Matria.
16 septiembre de 2011.
jueves, 15 de septiembre de 2011
DE INFIERNOS Y COSTUMBRES MORTUORIAS EN CANARIAS (y V)
Guayre Adarguma*
La comunicación con los antepasados
En la isla Chinech (Tenerife), durante el ceremonial en el que se entroniza al nuevo Mencey se establece comunicación con el mundo de los antepasados: a través del hueso de un antecedente del nuevo jefe, al entrar en relación con el primer antecesor del linaje de quien depende el poder que le ha sido conferido por el valor sagrado que poseen aquéllos. Esta comunicación con los muertos se renueva con ocasión de la muerte de un Mencey.
El viajero italiano Benedetto Bordone, que pasó por las islas Canarias en la primera mitad del siglo XIV, nos dejó una breve descripción de sus habitantes y costumbres entre las que recoge la figura del mensajero al “más allá” en los siguientes términos: “...que la menor de ellas es de circunferencia de 90 millas, pero aquellas, que habitan los infieles son de muchos mayores, e de pueblos más abundantes, y sobre todas las otras la Gran Canaria, en la cual se encuentra alrededor de ocho mil almas, más o menos, y después de esta Tenerife, después sigue La Palma, que poca gente conoce no obstante isla bellísima, y todas tres fortísimas de manera que no temen de alguno de ser de alguno tomada. Tenerife, es la más alta isla del mundo, de la cual con tiempo sereno se puede ver a setenta leguas de distancia en el mar, que son millas doscientas cuarenta, y tiene en el medio, en forma de una punta hecho, altísimo, la cual continuamente arde, y así se afirma de aquellos que la han visto, y además dicen que aquel monte tenía por altura millas seis, por tres islas o sea la Gran Canaria, Tenerife y La Palma, tienen por número nueve señores, los cuales por la fuerza se hacen, y por tales tiranías grandísimas guerras entre ellos se cometen, no ya con armas, por que son de aquellas del todo privados, pero con piedras y mazas de madera, a sus guerras imponen el fin, y por eso todos desnudos son, en el matarlos hacen admirable operación, no obstante algunos de pieles de cabras sean cubiertos, y similmente algunos otros, para ampararlos no tanto de las guerras, cuanto del frío “no obstante poco o nada haga”
De cebo de pico y de zumo de hierbas hacen de ello una composición con la cual se untan para hacer su piel gruesa. Habitan en las cuevas de las montañas, y sus víveres es el pan de cebada, carne y leche de cabra. Tienen vino y higos abundantemente y las cosechas es de marzo y de abril. Viven sin alguna religión que el sol, y que la luna y que otra cosa como ellos más es disgusto, adoran. Y entre ellos las mujeres no son comunes, pero cada uno tantas coge, cuantas a él gusta, haría alguno “por vil que sea” que alguna de aquella fue mujer a casa condujera si con el señor suyo no fuese virgen, eso que a grandísima vergüenza con tal cosa se tendría, esto dormir que hace la mujer con el señor a grandísimo honor se tiene.
Y además de aquella costumbre, hay otra que está hecha de esta manera: que creado el señor, y en la señoría puesto sin otro impedimento, habrá algunos de sus súbditos a su señoría se presenta, y aquella para honrar la fiesta se ofrece de sí mismo matar, y por tal cosa ver, o sea el efecto de la ofrenda hecha todo el pueblo se reúne en un cierto valle profundísimo, y aquello, que de morir por el señor mismo se ofrece, a altísima rupe accede, y después de algunas ceremonias echas, y algunas palabras en laude de su señor dichas, subido en de aquella rupe altísima se tira, por aquella, no queda más que en el fondo de aquel valle en pedazos combertido, donde después del pueblo es encontrado, y el señor por tal efecto, a sus parientes de mucho agradecido le queda.
Estos isleños son buenísimos saltadores, y una piedra con mano trayendo, donde le gusta la ponen. Sua carnes con zumos de hierbas pintan, estas sus pinturas son de diferentes colores echas, o sea verde, amarillo, y bermellón, con muchos bellos animalitos, y además de follaje, y otras cosas” (Diogo Gomes, en B. Bonnet, 1941: 98-99).
Este texto resulta muy explícito sobre la comunicación con los antepasados a través de un emisario joven, por medio de un auto sacrificio. Esta información no se hace extensiva al resto de la población, seguramente porque a través del Mencey difunto recibirían todas las noticias, al repetir en el mundo de los muertos, igual modelo social que el de los vivos.
Quizás es en este contexto donde deberíamos estudiar los denominados suicidios rituales, de los cuales nos son más conocidos los llevados a cabo en la isla Tamaránt (Gran Canaria) por el caudillo Bentejuí y el Faykan de Telde, el hawarita (Palmero) Tanauzú y e los penúltimos menceyes de la isla Achinet, Bentor e Ichasagua. Estos caudillos de la nación canaria, al ver el extremo peligro en que se encontraba la Matria ante el feroz empuje de los invasores extranjeros, optaron por ser ellos los mensajeros y viajar personalmente al seno de Magek a dar cuenta a los espíritus de los ancestros de la gravísima situación por la que atravesaba la Matria y recabar la ayuda de los mismos para remediar al pueblo.
El pueblo canario ha venido manteniendo abiertamente la comunicación con los espíritus de los nuestros ancestros ubicados en el seno de Magek, y de manera no cruenta hasta fechas muy recientes. A pesar de la brutal persecución desatada por el sistema imperante el cual ha conseguido que esta piadosa tradición haya dejado de practicarse públicamente. La documentación escrita nos ha legado múltiples ejemplos de esta práctica, aunque ya con profundas connotaciones cristianas, como por ejemplo los denominados “Baile de los muertos” o “Bailes de los angelitos”.
Veamos algunas muestras: Por los antecedentes que he recogido se puede asegurar que hasta tiempos relativamente recientes se celebraban en casi todo el Archipiélago los funerales de los angelitos con jolgorios, bailes y banquetes rituales mortuorios.
Como resto de esa tradición podemos citar para la segunda mitad del siglo XX, “el baile de los muertos”, en Valle Gran Rey, de la Gomera que al presente en algunos casos celebran a puerta cerrada por la propaganda que en contra se hace por parte del sistema imperante: Amortajado el niño y colocado sobre una mesa en la habitación más espaciosa de la casa, se reúnen en el referido local los padres padrinos, familiares y vecinos para festejar el suceso con el baile de los de los muertos y algún “canecaso” de aguardiente o de vino de cuando en cuando.
Al son del tambor, las chácaras y la flauta rompe el baile (El Tajaraste) el padrino llevando en los brazos el cadáver del ahijado y después de dar un par de vueltas por la sala lo entrega a la madrina para que haga lo mismo.
Seguidamente depositan de nuevo el cadáver de la criatura sobre la mesa y se da comienzo a la juerga general que dura algunas horas. Al dar por terminado el baile empiezan los recados, unos después de otros se acercan al cadáver y le prenden con alfileres a las ropas alguna flor o bien un trocito de cinta o trapito como señal para que el Ángelito recuerde el encargo, a la vez que envían recados a las personas queridas que moran en el cielo (Seno de Magek); quien los padres y hermanos, quien a los parientes y amigos; cuyos recados consisten unos en las intenciones y otros para que sirvan de intermediarios con Dios para que la cosecha sea buena, para recobrar la salud, etc. (B. Alfonso, 1985:261)
Generalmente los sentimientos más profundo de un pueblo cuando son despreciados y ninguneados por cualquier sistema excluyente, busca refugio en el folklore, último reducto de resistencia, de conservación del espíritu nacional y de la memoria colectiva, a pesar de los múltiples esfuerzos desplegados por los estamentos oficiales para reconducirlos hacía sus proyectos de aculturización. En el tema que nos ocupa, una Asociación cultural de la isla de La Gomera ha sabido plasmar estos sentimientos tan arraigados en lo más profundo del ser canario en el siguiente relato:
“El hijo de Cristóbal Chinea –Antonio- murió con siete años -se desriscó mientras cuidaba unas cabras- al trabársele el hastia subiendo por el camino de la Tranquilla.
Tardó en llegar al cielo. El llanto de sus padres empapó sus alas de angelito. De su caja no colgaron las coloreadas cintas con los recados a los seres queridos (‘Cuando llegues al cielo, si ves a mi madre, dile que no me olvido de ella’, ‘cuando veas a Dios ruégale por mi hermanita enferma’). La suya fue una partida triste, sin el tambor, sin las chácaras, sin el baile del tambor, sin el aliento de sus antepasados...
El tambor estaba presente en todos los momentos de la vida. Cuando un niño nacía, ya esa noche se mataba una oveja, se buscaba vinito del mejor. La taza de caldo para la mujer, el pedazo de carne y el vino para el marido. Y la juelga de tambor ya se producía en esa casa. El tambor haciendo acto de presencia cuando aquél ser venía al mundo. Era de alegría, de haber dado a luz la mujer y tener ese hijo que se esperaba.
Al bautizar el niño, ¡eso era ya una fiesta! Se llevaba al niño desde el caserío hasta la iglesia, con los padrinos y los acompañantes al toque de tambores y chácaras (“Qué buenos padrinos tienes / Hiloria si no te mueres”).
Al bautizar el niño, ¡eso era ya una fiesta! Se llevaba al niño desde el caserío hasta la iglesia, con los padrinos y los acompañantes al toque de tambores y chácaras (“Qué buenos padrinos tienes / Hiloria si no te mueres”).
Pero lamentablemente demasiados niños morían en aquél tiempo y muchas veces el mismo traje del bautizo sirvió de mortaja al niño muerto. Esa noche, amortajado el niño y colocado sobre una mesa en la habitación más espaciosa de la casa, se reunían, primero los padres con los padrinos, y luego, después, los familiares y vecinos para acompañar y festejar el suceso con el baile de los muertos y algún ‘cancanaso’ de parra o vino de cuando en cuando. Al son del tambor, las chácaras y la flauta rompía el Baile del Tambor. Había por norma que el padrino tenía que agarrar al niño de donde yacía muerto, cogerlo en sus brazos y dar una vuelta a toda la habitación, bailando a golpe de tambor (“Sube al cielo María del Pino / y ruega por tu padrino”). A continuación se lo entregaba a la madrina para que hiciera lo mismo (“Quiero que me guardes Hiloria / un traje para mí en la gloria”). Luego se colocaba ese angelito en su lugar otra vez y así se pasaba la noche, cantándole y tocando y bailando hasta el día siguiente en que se llevaba al cementerio. Durante esa noche y al partir para el campo santo, todos los vecinos que tenían familiares que se le habían muerto, con ese angelito, le mandaban recados a las personas queridas que moraban en el cielo y para que los recordara le ponían cintas y flores para enramar la caja (‘Dile a mi padre que la niña que dejó pequeña ya se casó, y que por aquí estamos todos muy bien. Y para que te acuerdes te pongo esta cinta de color verde’). Y la frase ritual del pésame: ‘para que usted mande muchos angelitos p’al cielo’.
El tambor estaba manifestando un gesto de duelo pero también de júbilo, toda vez que se pensaba que cuando un niño moría, si se le cantaba hacía más rápidamente su recorrido hacia Dios. Era ‘pecado’ llorar ya que ello impedimentaba el camino recto del angelito hasta el cielo, ‘llorar por dentro se llora, aunque por fuera se canta’ (“Ay buen Dios, dolor tan grande / muerto el niño y canta el padre”, “Al cielo subes María / y tu madre esternecía”). Eso es lo que se creía. Se cantaba y se bailaba hasta llegar al cementerio (“Hiloria le lleva un ramo / a la virgen del Rosario”).
Luego vinieron las chanzas, los desprecios. La gente de la costa cuando se encontraban con los de ‘los altos’ o los padres del muerto los llamaban ‘magos’ en forma despectiva y le hacían chanza repitiendo las mismas canciones y los encargos que le habían hecho al niño fallecido. Ya a finales del siglo XIX y principios del XX se hacían los ‘velorios de angelitos’ a puerta cerrada. Y poco a poco la tradición se desvaneció, el baile de los muertos fue un eco cada vez más lejano y los angelitos ya no tuvieron quien los velara.
La línea se cortó...
Pasados unos días de haber enterrado a este angelito, había una juelga de tambores frente a la casa de Cristóbal en Guadá. Y él, asomado a la ventana, estaba contemplando aquella juelga con una infinita tristeza. Pero su mujer se dio cuenta y le dijo: ‘Pero bueno Cristóbal, ¿qué te pasa a ti? Mira, por qué no te quitas lo que puedan decir de ti.
Vete allí y cántale a tu niño’. Entonces ‘garró’ el hombre el tambor y cuando los demás lo vieron ir hacia ellos, se dieron cuenta a lo que venía y acordaron dejarlo cantar. Y él entró cantando con fuerza y sentimiento, para que su niño llegara al cielo, tal y como lo habían hecho sus antepasados: “Yo mandé un ángel p’al cielo / y si no canto me muero”. (Asc.Guadá.)
Por otra parte, en la actualidad vasta visitar cualquier cementerio de nuestras ciudades o pueblos para ver como muchas personas hablan con sus difuntos como si realmente estuviesen presentes físicamente, en ocasiones se puede escuchar diálogos realmente enternecedores, propios solamente de los pueblos portadores de una profunda espiritualidad como el canario.
Costumbres mortuorias canarias
[...] Toda esa noche se iba agudizando el duelo de hora en hora hasta la amanecida, que era el tiempo reglamentario para la celebración de los chaxacos o entierros; pero antes de ponerse en marcha el cortejo fúnebre, tanto los hombres como las mujeres que sentían grima saltaban por encima del cadáver o le besaban una mano “para que nos les dejara miedo” costumbre que aún conservan algunos caseríos de la Victoria, La Matanza, Arico y otros pueblos.
La comitiva iba atronando el aire con sus lamentaciones, hallábase formada por los individuos de ambos sexos de la familia civil y de la individual, precediendo las mujeres y detrás los llorones, sacerdotes, amigos y numerosas personas de los distintos auchones o tagoros según el prestigio y clase del difunto. Llegada a la necrópolis, después de un variado ceremonial del clero en medio de grandes alaridos del séquito, encerraban con el xaxo cierta cantidad de alimentos y tapiaban cuidadosamente la puerta de la gruta; alimento que como ya dijimos renovaban de vez en cuando por fuera de la cueva, para que comiera el sosia en sus visitas.
Seguidamente los doloridos y todo el acompañamiento retornaban al auchón para disolverse después de “celebrar el banquete fúnebre que daba el muerto”. (Juan Bethencourt Alfonso, 1994, t.2:300)
Esta piadosa práctica estuvo vigente hasta no hace muchas décadas entre las poblaciones rurales de las islas aunque ya con una gran carga de conceptos impuestos por la religión foránea.
El Escobonal.
Al que muere lo bajan en el acto de la cama, porque si tiene pena está penando mientras se encuentra en la cama. Porque como Dios prometió que habíamos de ir a la tierra, cuanto más tarde, más pena. En el acto mismo quitan del basal la loza y la ponen dentro de una cesta, hasta que salgan a la misa porque si la dejan el basal viene el espíritu a trafegar y hacer ruido en la loza. El que muere con un ojo abierto y otro cerrado es porque llama a otro.
Garachico.
El Obispo católico Fernando de Rueda, en su decreto visita del año 1584, mandó «que ninguna mujer, ni hija, ni hermana del difunto fuese a los entierros, como era costumbre, a llorar en la iglesia, y estar besando, abrazando y tocando el cuerpo cadáver, como si fuesen gentiles.
Vilaflor de Chasna.
Hasta principios de este siglo (s. XIX), cuando moría un individuo en los pagos lejanos de Vilaflor , jurisdicción que contaba entonces algunas leguas, los que conducían el cadáver al pueblo, así que llegaban a un punto que dominara algún caserío tocaban un caracol (bucio) como señal preventiva,- gritando luego tres veces: «A las obras de misericordia» y todos los que oían la voz se acercaban al cadáver para sustituir a los que le habían traído hasta allí; que a su vez hacían lo mismo cuando llegaban a otro punto más o menos habitado.
Tacoronte.
El pésame más común es: «Dios le dé mucha vida para que ruegue a Dios por el alma de…”.
Se dice que antiguamente daban el pésame en la siguiente forma: «Aquí vengo, sí; aquí vengo, no; a quitar pesares, que a dártelos, no. A romper canillas, calcañal y hueso, y a quitar pesares, de aquel que está tieso».
Los Realejos.
El pésame que dan a los padres que pierden un niño es el siguiente, «Mucha vida les dé Dios para que manden angelitos al cielo!». Si el cadáver es de persona mayor, en este caso los doloridos se sientan en un rincón y el acompañamiento pasa por delante uno a uno, diciéndole: «Mucha vida le dé Dios».
Valle Guerra.
En el Valle de Guerra, Esperanza y otros pagos, testan señalando la cantidad indispensable para dar de comer y beber a los que acompañen a sus cadáveres.
Candelaria.
Gran llanto al morir el individuo «pues cuanto más gritan más siente.
Si el cadáver procede de algún pago es costumbre obsequiar al acompañamiento en Candelaria, con papas, pescado salado, pan, queso y vino.
De regreso el acompañamiento va a la casa mortuoria o de los doloridos y formados en círculo, uno de ellos se coloca al lado del Cristo y las velas que estuvieron a la cabeza del cadáver y reza tres padrenuestros tres avemarías y un responso de réquiem. Luego desfilan los hombres y las mujeres quedan llorando. Al tercer día tiene lugar la misa del finado, a la cual acompañan los que fueron al entierro. Acabada, el cura, con el acompañamiento, se dirige a la casa de duelo y repiten el rezo dirigido por él.
Terminado hay nuevo llanto de mujeres; pero aquí termina. Es de advertir que los vecinos van a acompañar a llorar a los doloridos. Hoy no se lleva ningún traje especial a los entierros.
Tacoronte.
A la muerte de un individuo, su familia manda a decir 30 misas, que llaman de San Gregorio (cuestan l0 pesos). Estas misas deben decirse sin interrupción para que sean eficaces.
Los duelos de despedida, después de rezar un padrenuestro, diciendo, «mucha vida».
Después de la misa de duelo, iban hasta hace pocos años a echar, el acompañamiento, un trago en la casa del dolorido.
Vilaflor.
La gente cree que los niños ruegan en el cielo por su familia y si mueren, 7 de un mismo padre, dicen tiene un coro de ángeles, y que por lo tanto la salvación eterna de los padres, es segura. Al día siguiente del entierro, se dice la «misa de difuntos» a la que asisten, sobre todo; las mujeres, casi todo el pueblo, después de la misa se dirige a la casa mortuoria (que es la habitación) y repiten la fórmula anterior (de pésame), el cura con algún hombre, pero no las mujeres. Es costumbre que las mujeres que acompañan a las mujeres de la casa-habitación del difunto lloran a grito, al sacar el cadáver, ha-ciendo coro a la familia.
La Victoria.
El día de finados llevan pequeños jarros de agua bendita a las casas, no sólo para beber algún buche sino para regar las habitaciones, para que el enemigo (el diablo) no entre.
El Escobonal.
En la sierra de Chaboime, sobre Arico se ve con frecuencia luces azules, que son «almas en pena».
Para saber si son se le dice: «Si eres anima del otro mundo y te paras, te rezo un padrenuestro y un ave maría».
Si es, se para. Así que se reza o se le acaba de ofrecer vuelve a caminar. En cuanto un alma del otro mundo viene es que no está en el infierno.
El Escobonal.
El que muera, aunque esté en gracia, si dejó dinero enterrado no entra en el cielo. Se sabe que está en gracia porque viene vestido de blanco; pero no entra en el cielo, hasta que saquen el dinero.
Esero (El Hierro).
El cuadrante o ¿derecho? era el libro en que se sentaban las misas que dejaban los testamentos. Id. del libro de capellanías.
En el Hierro, si bien la costumbre ha decaído, acompañaban los cadáveres tanto hombres como mujeres, del vecindario, desde los campos a la parroquia; deteniéndose en ciertos puntos, llamados goronas (que consisten en una especie de corral semicircular, con asientos para descansar) y en otros puntos, aunque no fueran goronas, pasos dominantes de regiones más o menos extensas, para llorar al muerto: continuando después tranquilamente.
En el llanto se hacía mención o ensalzaban las excelencias del difunto.
Después, comen y beben, no se sabe si por hábito originado de las distancias grandes que recorren.
A los que mueren en Esero (El Hierro,) se acostumbra lavar los pies, manos y cara. A los niños y solteros, de cualquier edad hombres y mujeres, que están en concepto del público, vírgenes, les ponen, después de muertos, las manos enlazadas sobre el pecho, con un ramo de flores. Si no disfrutan del concepto de virginidad se los colocan como a los casados; es decir, los brazos tendidos sobre el pecho, dispuestos paralelamente. Los padres y demás familia, no abandonan la habitación mortuoria hasta que el cadáver sea conducido al cementerio.
Tanto los padres como las familias acostumbran en sus llantos manifestar a gritos las virtudes y generosidad del muerto, su valor, la protección que dispensaba, etc.
Lo que unos callan, lo dicen los otros. El cadáver después de enterrado, el acompañamiento se dirige a la casa mortuoria donde se despide el duelo, después de rezar juntos un padrenuestro y un ave maría. El domingo próximo; por lo regular, se celebra la misa de difunto. Para esto todos se dirigen a la casa mortuoria, y acompañando a los padres, hijos y hermanos, se encaminan juntos a la iglesia; concluida la ceremonia religiosa, nuevamente se dirige el acompañamiento con la familia del difunto a la casa mortuoria; rezan otro padrenuestro y otro ave maría. Terminado esto, algunos piden de favor un padrenuestro u otra oración por el alma de algún deudo, etc. Terminado esto se pone una mesa, donde todo el mundo come, y a todos se le permite cierta alegría y buen humor. Concluido, se despiden y se marchan.
Fórmula de pésame, con motivo de alguna muerte, de los que acuden a expresar su sentimiento a la familia del duelo: «Aquí vengo, sí. Aquí vengo, no. Con mi cara mondinga, a quitarle el pesar, a dártelo, no!». Luego contestan los doloridos, en verso, que desconozco aún.
Titoreygatra (Lanzarote)
Hasta hace poco tiempo se celebraba la muerte de un niño, comiendo, bebiendo y bailando.
Bailes mortuorios. Hay la tradición de que antiguamente cuando moría un niño, celebraban el acontecimiento con bailes en la casas.
En Yaiza. Si un niño muere antes de cumplir el año, todos los gastos del entierro son por cuenta del padrino.
(Lanzarote y Gran Canaria)
Se dice que una persona tiene un alma arrimada cuando el espíritu de individuo que haya muerto, vive constantemente o periódicamente en comunicación con ella y que se le arrima por lo regular con objeto de pedirle perdón por algún daño que le hizo en la tierra.
Para que desaparezca el alma y vuele al cielo, es bastante que el interesado realice lo que aquella le pida, tal como decir misas, cumplir promesas; etc., y si es por daño que recibió el individuo que la tiene arrimada, con que le diga: «yo te perdono para aquí y para delante de Dios».
Haría.
Hay algunos que creen que se les arrimaban (almas) y se les ponían encima de la espalda y les hablaban, para notificarle dónde había dejado el dinero enterrado, para poder subir al cielo. Al que se le arrimaba se echa en el suelo, boca abajo, al peso del mediodía pues avisado por la noche en la cama, salía a ciertos puntos «para descargar al alma de la pena que tuviera». Como decirles misas, etc.
Teguise.
Creen que hay almas arrimadas, hace poco tiempo que a una de Guatiza le empezó un alma a maullar como gato. Casi siempre se arriman para pedir perdón por haberle hecho en_vida algo malo. Basta decirle para que no vuelva «Yo te perdono para aquí y para delante de Dios».
Creeen que ay gente que tiene el diablo en el cuerpo.-
Tamaránt (Gran Canaria: Agüímes).
Cuando está muriendo un individuo los domésticos y parientes rodean con solicitud al moribundo. Así que muere levantan todos un llanto ruidoso que dura hasta que enronquecen sin separarse del cadáver. Delante de ellos lo amortajan, y a su vista permanecen sin separarse hasta que 1o entierran, momento en que redoblan el llanto.
En la casa mortuoria no se hace de comer en 9 días. Los parientes y vecinos traen de sus casas la comida preparada y acompañan a comer. Después una de las mujeres que acompañan dice en voz alta, lo que cada uno ha traído (Ato. 1793).
Gáldar.
«Son parcos en sus convites de bodas y generosos en sus funerales». Pues en el día del entierro no es necesario hacer de comer en la casa mortuoria: los amigos le envían lo necesario y preparado aque1 día; cuya urbanidad es recíproca».
Erbania (Fuerteventura).
En algunas partes los doloridos se sientan en el mismo punto donde estaba la cama del enfermo y allí lloran en voz alta, las virtudes del que ya es cadáver. Tumban los bancos, vuelven las láminas o cuadros, quitan los platos «losa» del vasar.
Betancuria
Los hombres llevan el sombrero desalado, corbata negra y barba crecida en señal de luto.
Las mujeres llevan sobretodo negro por la cabeza y encima sombrero también desalado.
Cuando muere algún individuo de la familia se vuelven los cuadros y espejos, y se quita de la destiladera la loza y demás adornos mientras dura el luto no se blanquean las habitaciones ni se caldea el horno y si quieren amasarlo (el pan) van a casa de un vecino.
En Erbania (Fuerteventura) cuando entraban a los velorios por muerte de alguien, decían: «Dios guarde el calafote frío, de la calavera mundana». Respondía el dueño: «Quien estas palabras viene a palabriar; allí está la silla, váyase asentar».
Antes se hacía comida en la casa en que fallecía un individuo, para comer el acompañamiento, al regresar del entierro.
Cuando se llora a un muerto, es costumbre pregonar sus virtudes y hechos gloriosos; así como la falta que hace en la casa.
La Gomera.
Todo niño que muere sin haber “mamado leche pecadora” será un serafin; es decir, que no pasa por el Purgatorio sino la punta del dedo margaro. Si llega aunque sea una sola vez a mamar “leche pecadora” pasa por el Purgatorio.
Los niños que mueren sin ser bautizados van al limbo, donde siempre están diciendo fin, fin. Porque para salvarse necesitan que venga la fin del mundo. Los entierran en punto no sagrado.
Alajeró.
Cuando muere alguno todos los vecinos acompañan el cadáver al pueblo, y el que no puede o quiere, se trepa en un morro a llorar a gritos por el muerto.
Rezado para dar el pésame al dolorido (en casos de muerte). «jAquí vengo sí, aquí vengo no (o yo) a dar alegrías que pesares no, del pértigo tieso que de aquí salió».
Contestación
«Entre vecino, que en siendo su tiempo, haré lo propio».
Benahuare (La Palma)
Tedote ayt Benahuare (Santa Cruz de La Palma)
A los ocho días se dicen misas de difuntos o se hacen los funerales; con ofrendas de pan y vino. (Bethencourt Alfonso, 1991).
Este somero repaso a algunos aspectos de nuestra cultura y tradiciones amigo Altakay, espero que haya servido para refrescarnos la memoria en torno a las mismas, pues otro fin no persigue. En un próximo comunicado te haré llegar (si me lo permites) un articulillo en torno a los sitios cultuales de nuestros antepasados, en el cual podremos ver que a pesar de la sincretización sufrida el substrato de nuestras tradiciones mazigias en torno a nuestros difuntos continua vigente.
Mientras tanto, ruego a nuestra Diosa-Madre Chaxiraxi que cubra con su Manto de Luz, tus espíritus y los de tus seres queridos.
* Guayre Adarguma Anez’ Ram n Yghasen, seudonimo de Eduardo Pedro García Rodríguez.
benchomo@terra.es
Ciudad colonial de Eguerew noviembre de 2007.
Fuentes consultadas:
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Graciela Paula Caldeiro, en: Creative Commons,
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Dr. Ignacio Reyes García
En: La Gaceta de Canarias, 20 de mayo de 2001.
DE INFIERNOS Y COSTUMBRES MORTUORIAS EN CANARIAS ( IV)
Guayre Adarguma*
LOS ESPÍRITUS, GENIOS O DIOSES TUTELARES BENÉFICOS O MALÉFICOS EN LAS DIFERENTES ISLAS: A igual que la iglesia católica y otras religiones denominadas universales, cuentan con una serie de dioses menores, protectores personales o de corporaciones los cuales ejercen funciones de patronos o protectores, como p. ej. San Benito, protector de las cosechas y los campesinos, Santa Cecilia protectora de la música y los músicos, Santa Lucía, protectora de los ciegos, etc., la Iglesia del pueblo Guanche también recoge en su teogonía a una serie de espíritus o dioses intermediarios entre la Diosa-Madre y los hombres. Estos espíritus, como hemos dicho extienden su acción benéfica o maléfica, no sólo entre los seres humanos y los elementos de la vida cotidiana, sino que la hacen extensivas a todos los aspectos de la naturaleza. Estos espíritus o maxios son conocidos por diferentes denominaciones según en cada isla.
TITOREYGATRA (Lanzarote) Uno de los primeros historiadores de nuestras islas, Frai J. De Abreu Galindo, de la secta católica, no recoge para la isla de Lanzarote la existencia de dioses tutelares limitándose a reseñar que: <<Adoraban a un Dios levantando las manos al cielo. Hacíanle sacrificios en las montañas, derramando leche de cabras con vasos que llamaban gánigos, hechos de barro.>> (Abreu Galindo, 1997:57)
<<Adoraban un ídolo de forma humana, pero no se sabe quien era. Lo tenían en una casa como templo, donde hacían congregación, la cual estaba rodeada por dos paredes, que entre sí formaban un pasillo, con dos pequeñas puertas, una fuera y la otra en medio; y allí, como en un laberinto, entraban a sacrificar leche y manteca. Algunos pretenden que entre estos bárbaros hubo otras clases de idolatría, de las cuales la verdad es que no se tiene ninguna seguridad. (Leonardo Torriani, 1959:41)
Esta isla y la de Erbania (Fuerteventura,) fueron las primeras en recibir de manera masiva el impacto catequizador del catolicismo, lo que indudablemente contribuyó a la temprana erradicación de la ancestral religión del pueblo, además del brutal despoblamiento llevado a cabo por los piratas normandos y castellanos de Bethencourt, mediante la saca de esclavos. Es por ello que la documentación llegada hasta nuestros días es escasa, no obstante la epigrafía recogida en los grabados rupestres nos hablan de una cosmogonía riquísima, pero tendremos que esperar a que las investigaciones de los especialistas consigan descifrar los mensajes que encierran, de los que solamente conocemos ligeros fragmentos aportados por Bethencourt Alfonso y Rafael Muñóz.
ERBANIA (Fuerteventura:) Había en isla dos mujeres que hablaban con el demonio (designación que los católicos aplicaban a los espíritus mediadores “paganos”); la una se decía Tibiabin y la otra Tamonante. ( la que deletrea, la que divulga, Ignacio Reyes García, 200:126-7) Y quiere decir que eran madre e hija, y la una servía de apaciguar las disensiones y cuestiones que sucedían entre los reyes y capitanes, a la cual tenían mucho respeto, y la otra era por quien se regían en sus ceremonias. Éstas les decían muchas cosas que les sucedían. Fray J. Abreu Galindo, 1977:59-60)
La isla de Fuerteventura, cuando fue conquistada, era dominada por muchos duques y por dos mujeres principales, las cuales eran sumamente respetadas por todos. La una se decía Tamonante, la cual regía las cosas de la justicia y decidía las controversias y disensiones que corrían entre los duques y los principales de la isla, y en todas las cosas era superior en su gobierno. La otra era Tibiabin, mujer fatídica y de mucho saber, quien, quien por revelación de los demonios o por juicio natural, profetizaba varias cosas que después resultaban verdaderas, por lo cual era considerada por todos como diosa y venerada; y ésta gobernaba las cosas de las cosas de las ceremonias y los ritos como sacerdotisa. (Leonardo Torriani,1959:75)
Son rudísimos, pertinaces en su secta, tienen templos donde hacen sacrificios con humo de cosas que queman, como no sea carne, sino cebada, dátiles, asisten hombres y mujeres.
La isla de Fuerteventura fue dividida al través con una Pared de más de cuatro leguas de mar a [mar], término de dos Reyes, el de hacía Canaria llaman Ayose y el de hacía el Norte Guise; cada uno se gobernaba por una mujer, que ambas hablaban con el demonio, llamadas Tamonante y Tibiabin, éstas apaciguaban las discordias, maestras de ritos y ceremonias, avisaban de casos contingentes.(Marín de Cubas, 1993:104-5)
De estos textos de se desprende que en la isla de Fuerteventura, tanto el poder político como el religioso eran ejercidos por mujeres siendo además hereditario, es plausible que similar sistema de gobierno tanto laico como religioso debió existir en Lanzarote. Imperando al igual que en el resto de las islas el matriarcado. A pesar de que Marín de Cubas, nos dice que “eran pertinaces en su secta” y que tanto Tamonante como Tibiabin, “eran maestras de ritos y ceremonias,” no nos dice nada sobre los nombres de las deidades ni sobre sus ritos, posiblemente no porque no los supieran, sino por temor a la Inquisición española la cual mostraba un celo excesivo en cuanto a la divulgación de los contenidos de la religión de los antiguos Canarios.
ESERO (Hierro:) Adoraban los herreños dos ídolos fingidos en la mente devotos de hombre y ganados machos, Orajan de mujeres y hombres; Mon, a quién pedían agua y buenos temporales y hacían juramento; no les hacían sacrificios ni otra ofrenda, ideábanlos en dos riscos o peñascos, cercano uno del otro, muy altos delgados y peinados como torreones, en el término de Bentaiga y hoy llaman Los Santillos de los Antiguos: la rogativa para la lluvia era juntarse alrededor de ellos así hombres como sus ganados repartidos a cada uno, los machos a uno, las hembras a otro, acorralados, ayunando por tres días, unos dando voces y gritos, bailando alrededor del peñasco, otros balando y gruñendo, y con dar vueltas en torno lloraban a gritos; y si no llovía enviaban un adivino a la cueva Artheita en el término Tacuitanta, y entrando invocaba a los ídolos, y le salía un cochinito llamado Orafaibo, que significaba medianero, y venía con él bajo el tamarco, a los demás, y era recibido con fiesta y baile; y lo tenía hasta que llovía lo bastante, y este animalito era el medianero de las lluvias, y suelto a la vista de todos volvía a la cueva. ( Tomás Marín de Cubas, 1993:108)
Los hombres adoraban a un ídolo macho, y las mujeres a una hembra. Al macho llamaban Eraoranhan, y a la hembra Moneiba; les hacía oraciones, sin sacrificio, y creían que vivían en los altísimos peñascos. Además de estas cosas, tenían en gran veneración el cerdo, y el demonio, a quien llamaba Aranfaibo, se les aparecía en esta figura. Cuando tardaban las lluvias, ayunaban tres días seguidos y gritaban al cielo, llamando el agua, estando en un lugar reservado para ello, llamado Tacuitunta, que estaba cerca de una cueva, llamada Abstenehita; y de esta cueva a sus gritos salía fuera el demonio en figura de cerdo, y les daba la lluvia. (Leonardo Torriani, 1959:214)
Adoraban los naturales de esta isla del Hierro dos dioses ídolos, que los fingían macho y hembra. Al macho llamaban Eraoranzan y a la hembra Moneiba. Los hombres eran devotos del varón, y las mujeres de la hembra; y esta devoción se entendía por los juramientos, ruegos y peticiones que hacía. No les sacrificaban más de rogarles por los temporales, para yerbaje a sus ganados. Y a estos sus ídolos o dioses no los tenían hechos de alguna materia, sino solamente eran intelectuales, fingiendo que su habitación y lugar para hacerles bien era en dos peñascos cumplidos a manera de mojones que está en un término que llamaban Bentayca, que hoy llaman los Santillos de los Antiguos; y que, después de oídos y cumplido el ruego, se subían al cielo.
Y, como no tenían otra noticia sino esta falsa opinión, después de ganada la isla por los cristianos y doctrinados y instruidos en la fe, aplicaron a Dios Nuestro Señor el nombre de Eraorazan y a la Virgen María el nombre de Moneyba. Y, como estos isleños eran gentiles idolatras y les faltaba la lumbre de la fe, y el demonio es padre de la idolatría, por la actitud que había en ellos, había el demonio ganado crédito con ellos y hacían que lo adorasen. Y, como el principal sustento de los herreños era el ganado, ya que por las sementeras no les pusiese cuidado la falta del agua, poníanles por los yerbajes y pastos para el ganado. Y así, cuando veían tardar las aguas en el invierno, juntábanse en Bentayca, donde fingían estar sus ídolos, y alrededor de aquellos peñascos estaban sin comer tres días, los cuales con el hambre lloraban y el ganado balaba, y ellos daban voces a los dioses ídolos, que les mandasen agua. Y, sí con esta diligencia no llovía, uno de los naturales, a quien ellos tenían por santo, iba al término y lugar que llamaban Tacuytunta, donde está una cueva que decían Asteheyta, y, metiéndose dentro e invocando los dioses ídolos, salía, de dentro un animal en forma de cochino, que llamaban Aranfaybo, que quiere decir <<medianero>>; porque, como aquellos gentiles veían que por sus ruegos no alcanzaban lo que pedían, buscaban medianero para ello. Y a este Aranfaybo, que era el demonio, tenían ellos en lugar de santo, y era amigo de Eraorazan. Y, como salía, lo tomaba y lo llevaba debajo del tamarco a donde estaban los demás esperando con sus ganados, alrededor de aquellos peñascos; y andaban todos dando gritos y voces en procesión , a la redonda de aquellos dos riscos, y llevando el cochino debajo del tamarco. Y, como el demonio es grande artífice de cosas naturales, hacía llover, porque fuesen ciegos tras su adoración. Y, si vía el que llevaba el cochino que era menester más agua, teníase consigo este demonio y, cuando le parecía que había llovido lo necesario, largábalo y volvíase a su cueva, a vista de todos. (FR. J. de Abreu Galindo, 1977:90-91)
No deja de ser loable la ingenua credulidad de estos autores, no sólo afirman que el pobre cochino es el demonio, sino que además sostienen que éste proporcionaba la lluvia solicitada por los bimbaches (herreños). No cabe duda de que los sacerdotes bimbaches (herreños) como los de cualquier otra religión, eran perfectos conocedores de la climatología de la isla y maestros de las cabañuelas, por tanto, sabían con bastante aproximación cuando iban a producirse las lluvias, convocando al pueblo a las rogativas en fechas próximas a que estas se produjeran, con lo cual era difícil que fallara la petición de lluvias, y, si estas no se producían en el tiempo estimado, siempre le quedaba al zahorí el recurso de alargar el tiempo de la rogativa haciendo uso del intermediario. Lo que queda claro, según se desprende de estos textos es que tras las rogativas en un tiempo más o menos razonable siempre se producía la lluvia aunque esta fuese provocada por el “demonio”. Y, considerado seguro el método de los canarios para obtener las tan necesarias lluvias, la iglesia católica no dudó en apropiárselo, y así, en lugar de sacar al Aranfayfo en las rogativas, se sacaba –y se saca – en procesión a los santos, vírgenes y cristos católicos con el mismo fin. Naturalmente, tuvo que pasar un determinado tiempo para que el clero cristiano fuese conociendo las peculiaridades climáticas de las islas, así una vez conocidas éstas, o bien asesorados por prácticos del país, atendían las solicitudes de los feligreses de sacar las imágenes en rogativa de lluvias, si las condiciones metereológicas eran favorables, o bien las posponían con cualquier pretexto hasta que estas fueran idóneas, así casi siempre conseguían que la procesión tuviera el excito deseado, con gran felicidad por parte de los feligreses. Como podemos ver, la iglesia no ha hecho otra cosa que cambiar el intermediario de que se vale el pueblo para solicitar a la deidad la ansiada lluvia “arrimando el ascua a su sardina”.
BENAHUARE (La Palma:) Eran idolatras, porque adoraban al demonio en forma de perro, a quien llamaban Haguanran; y decían ellos que éste moraba en el cielo, al que decían Tigotan, y en tierra, en la cumbre de las montañas llamadas Tedote; y encima de ésta hacían sus sacrificios de leche y de mantequilla.
Eran estos palmero idolatras; y cada capitán tenia en su término a donde iban adorar, cuya adoración era en esta forma: Juntaban muchas piedras en un montó en pirámide, tan alto cuanto se pudiese tener la piedra suelta; y en los días que tenían situados para semejantes devociones suyas, venían todos ellos allí, alrededor de aquel montón de piedra, y allí bailaban y cantaban endechas, y luchaban y hacían los demás ejercicios de holgura que usaban; y estas eran sus fiestas de devoción. Pero no dejaban de entender que en el cielo había a quien se le debía reverencia; y al que ellos entendían que estaba en el cielo, y lo llamaban Abora. Pero el capitán o señor de Acero, que es la Caldera, no tenía estos montones de piedras, a causa de que entre el naciente de las dos aguas que nacen en éste término está un roque o peñasco muy delgado, y de altura de más de cien brazas, donde veneraban a Idafe, por cuya contemplación al presente se llama el roque de Idafe. Y tenían tanto temor no cayese y los matase que no obstante aunque cayera, no les podía dañar por estar las moradas de ellos muy apartadas, por sólo el temor acordaron que de todos los animales que matasen para comer, diesen a Idafe, la asadura. Y así, muerto el animal y sacada la asadura, se iban con ella dos personas; y llegados junto al roque, decía cantando, el que llevaba la asadura: Y iguida y iguan Idafe; que quiere decir: <<dice que caerá Idafe>>. Y respondía el otro, cantan – Que guerte yguan taro; que quiere decir: <<dale lo que traes, y no caerá>>. Dicho esto, la arrojaba, y daba con la asadura, y se iban; la cual quedaba por pasto para los cuervos y quebrantahuesos, que en esta isla llamaban guirres.
Tenían gran cuenta con los días, por las lunas, a quien tenían en gran veneración, y con el sol.
A estos palmeros se les aparecía el demonio, en figura de perro lanudo, y llamábanlo Iruene.(FR. Abreu Galindo, 1977:270)
Eran grandemente idolatras ó devotos, en cada término de los referidos había gran montón de piedras solas, y en ciertos días disputados de la luna, venían a él todos los vecinos de la comarca a bailar y cantar endechas y corridos y a luchar, y comían allí carnes medias crudas y asadas, y leche y otras cosas de su uso. Entienden que en lo alto hay un Señor todopoderoso que gobierna todo lo criado, a quien llaman Abora; los del territorio de Eccero en lugar del montón de piedras tiene un roque muy alto y delgado de más de cien brazas, muy venerado y de tanta estimación como ídolo llamado Aidafe, a éste iban a pedir en sus necesidades les socorriese, y porque siempre estuviese enhiesto y no cayese le rogativas y ofrecían las asaduras de todos los animales que mataban en aquella rogativa; todos los vecinos y cofrades llevaban las asaduras entre dos cantando y respondiendo, muy poco a poco, y el uno decía: “Iguida iguan Aidafe”, que significa “dice Aidafe que se ha de caer”, y respondía el otro: “Quegueire iguantaro”, “pues dale lo que llevas y no caerá”, y llegando al pie del risco las arrojaban y las comían las aves, cuervos, milanos, guirres o quebrantahuesos. Contaban los días por lunas y los años por el sol, y tenían a estos planetas grande veneración. El demonio se les aparecía muchas y frecuentes veces en figura de perro lanudo; llámanle Iruene. (Tomás Marín de Cubas, 1993: 217-8)
TAMARÁNT (Gran Canaria:) Entre las mujeres canarias habían muchas como religiosas, que vivían con recogimiento y se mantenían y sustentaban de lo que los nobles les daban, cuyas casas y moradas tenían grandes preeminencias; y diferenciábanse de las demás mujeres en que traían las pieles largas que les arrastraban, y eran blancas: llamábanlas magadas, los malhechores que se acogían a sus casas no eran castigados. A las casas llamaban Tamonante en Acoran, que es decir <<casa de Dios>>. Tenían casas donde se encomendaban al Dios que estaba en lo alto, que decía Almogaren, que es <<casa santa>>; las cuales rociaban todos los días con leche, y para ello tenían cabras diputadas, y no le quitaban los garañones en todo el año, porque no les faltase la leche. Decían que en lo alto había una cosa que gobernaba las cosas de la tierra, que llamaban Acoran, que es Dios.
Tenían dos riscos muy altos, donde iban con procesiones en sus necesidades: el un risco se llamaba Tirmac, el término de Galdar, y el otro risco se llamaba Umiaya, en Tirajana que dicen los Riscos Blancos, término de Telde; y quien juraba por Tirmac o por Umiaya, se había de cumplir por ser juramento grave. Adoraban a Dios alzando las manos juntas al cielo. Cuando faltaban los temporales, iban procesión, con varas en las manos, y las maguadas con vasos de leche y manteca y ramos de palmas. Iban a estas montañas, y allí derramaban la manteca y leche, y hacían danzas y bailes y cantaban endechas en torno de un peñasco; y de allí iban a la mar y daban con las varas en la mar, en el agua, dando todos juntos gran grita. No tenían distinción en los días del año, ni meses, más que con las lunas. (FR. Abreu Galindo, 1977:156-7)
...En efecto, entre ellos no hubo idolatría ni predicación evangélica, sólo que, al igual que los atenienses adoraban un Dios desconocido e invisible, y le hacía sacrificios. Lo consideraban inmenso y lo crían en todas las cosas; pero no como hombre, ni como alma del mundo, como lo comprendía Varrón, sino como mente divina que gobierna los cielos y las estrellas y los elementos, según lo confesaban los platónicos, los esotéricos y los pitagóricos.
Tenían los canarios un sacerdote llamado Faicag, a quien cumplía hacer oración y los sacrificios. También tuvieron casas de vírgenes a modo de convento, que llamaban Tamonante en Acoran, es decir <<templo de Dios>>. Fueron los canarios verídicos y nobles. (Leonardo Torriani, 1959: 94-5)
Decían que Acoran Dios sólo, eterno omnipotente, y le adoraban idea; juraban por Majec, que es el sol, decían ser un solo demonio, que él sólo padecía tormentos y fuego eterno en las entrañas de la tierra llamado Gaviot, al alma tenían por inmortal hija de Majec, que padece afanes, congojas, angustias, sed y hambre, y llévanles de comer a las sepulturas los maridos a las mujeres y ellas a ellos; a los fantasmas llaman Majios o hijos de Majec; llaman Tibicenas a las apariciones del demonio, que muchas y frecuentes veces al día y de noche se aparecían en forma de perros lanudos y otras de aves como pava, gallina con pollos, becerro, etc. Adorábanles en muchos sitios sagrados y venerados, así montes, cuevas, bosques, casas, riscos, y juraban por, muy solemnemente; el mayor adoratorio donde hacía romerías era Almogaren de Umiaya, que es una casa de piedra sobre un alto risco en Tirajana, llamado Risco Blanco, que fueron de Antón de la Santidad, conquistador aún allí hay tres braceros cantos grandes, donde quemaban todos frutos menos carne, y por el humo si iba derecho o ladeado, hacían su agüero, puestos sobre un paredón a modo de altar de grandes piedras y enlosado en lo alto del monte, y ha quedado una capilla y sacarrones, dentro todo de una gran cerca de piedras muy grandes, y es el risco el más descollado de todos aquellos sitios. Estas casas o sitios de adoración las regaban con leche de cabra, que todo el año reservaban un ganado para estos señalado, habían hombres que vivían en clausura a modo de religión; vestían de pieles, largo el ropón hasta el suelo; barruntaban el porvenir y eran Faisajes; observaban algunas moralidades y en corrido sabían de memoria la historia de sus antepasados, que entre ellos se quedaban consejas de los Montes Claros de Atlante en África en metáforas de palomas, águilas; éstos eran maestros que iban a enseñar muchachos a los lugares; había nobles, y villanos para enseñar lo que conviniese a los villanos, y sí había niños hábiles los enviaban a Umiaya como a mayor Universidad, sí no es que fuesen de fuerza y ánimo para la guerra, porque éste era su primer instituto; eran para maestros los pusilánimes y débiles para el trabajo.
Otro adoratorio hay en el término de Gáldar, que dura el nombre, que el risco de Tirma, lleno de caseríos, y grandes cuevas; a este iban las Maguas en romería llevando vasos de leche para regar y ramos en las manos, y de allí bajaban al mar, que está cerca y daban con ellas golpes en el agua pidiendo a Dios socorro en sus necesidades y ellos tenían fe en ser remediados; más de dos leguas alrededor tenía este risco de sagrado para los delincuentes, así para ellos como para sus ganados, y así era muy habitado este sitio.
Eran sagradas también las casas de las maguas que los españoles llamaban Marimaguadas; era una cerca de pared, casa y cueva habitación de muchas doncellas desde catorce a treinta años, porque después si querían casarse podían salir; que allí nadie, pena de vida, les podía hablar, y solamente cuando había falta de agua y de hambre salían en procesión a rogar a Tirma les socorriese; iban mirando al cielo, haciendo visajes y meneos con los ojos, cabeza y cuerpo, ya cruzando los brazos, ya abriéndolos, decían: “Almene Coran”, que significa: “Válgame Dios”; después de haber rodeado el risco caminaban hacía el mar. Salían fuera de sus monasterios las Maguas para bañarse en el mar, y para ello había días diputados que todos debían saber, y si algún hombre por descuido se hallase con ellas o se las encontrase en el camino perdía la vida; solamente cuando iban a adorar a Tirma en la casa Tamogante, podían desde lejos mirarlas. (Tomás Marín de Cubas, 1993:204-5)
Nos hemos extendido un poco con esta cita de Marín de Cubas, por considerar que este texto reproducido, nos aporta una serie de datos sobre la religiosidad de nuestros antepasados que no está recogidos por otros cronistas, indudablemente, ello nos ayudará a comprender más profundamente el mundo cultual de nuestros ancestros, del que iremos descubriendo facetas de una riqueza espiritual insospechadas y que, se han venido hurtando sistemáticamente al conocimiento de nuestro pueblo.
CHINECH (Tenerife:) Esta isla de Tenerife se llamaba, en su común hablar, Chinechi, y a los naturales llamaban Bincheni. Y adoraban a Dios, a quien llamaban Guayaxiraxi; y a Santa María, después de que les apareció, la llamaban Chaxiraxi. Y es de notar que Guayaxiraxi quiere decir <<El que tiene al mundo>> y Chaxiraxi quiere decir <<La que carga al que tiene el mundo>>. Y por otro nombre, llamaron a Santa María Atmayceguayaxiraxi, que quiere decir <<La Madre del que carga al mundo>>. Y no adoraban ídolos, ni tenían otra cosa quien adorar, sino a Dios y a su Madre, aunque no tenían otra inteligencia de la cosas de Dios. Llamaban también a Dios por otro nombre Atguaychafanataman, que quiere decir <<El que tiene al cielo>>, porque ataman quiere decir <<cielo>>. (FR. J. Abreu Galindo, 1977:300-1)
...Y aunque conocían haber Dios, el cual nombraban por diversos nombres y apellidos, como son Achuhurahan, Achahucanac, Achguayaxerax, que quiere decir el grande, el sublime, el que todo lo sustenta, no tenían rito alguno, ni ceremonias, ni palabras con que lo venerasen. Más cuando los temporales no acudían, y por falta de agua no había yerba para los ganados, juntaban las ovejas en ciertos lugares que para esto estaba indicados, que llamaban baladeros de las ovejas, e incando una vara o lanza en el suelo, apartaban las crías de las ovejas y hacían estar las madres alrededor de la lanza, dando balidos; y con esta ceremonia entendían los naturales que Dios se aplacaba y oía el balido de las ovejas y les proveía de temporales. (Fray Alonso de Espinosa, 1980:34)
Confesaban al verdadero Dios con este nombre, Achguayaxerax y Ochoron Achaman, es decir, <<sustentador del cielo y de la tierra>>.
También lo llamaban Achuhuran Achahucanac, es decir, <<el grande, el sublime>>; y a Nuestra Señora, Chaxiraxi, y también la llamaban Armaxes Guaiaxiraxi, que significa <<la Madre de aquél que sustenta el mundo>>. Dicen también que a Dios lo llamaban Arguaicha fan ataman, que significa <<Dios del cielo>>, porque al cielo llamaban ataman; y que celebraban algunos días de fiesta. Contaban el tiempo de la luna con nombres diferentes; y el mes de agosto se llamaba Begnesmet. Tenían bautismo con agua, que administraba una mujer venerable, la cual por esta razón, contraía parentesco con todos. Decían que había infierno en el Pico de Teide (porque Eheyda quiere decir <<infierno>>, y el demonio se dice guaita, y que Dios había hecho al primer hombre y a la primera mujer de la tierra.(Leonardo Torriani, 1959:180-1)
En esta isla de Tenerife unos afirmaban que no había en el cuerpo alma racional, o que en muriendo el cuerpo todo se acababa, otros confesaban haber un Dios universal, y llamaban Jucancha; juraban solemnemente por el sol llamado Acaman y que había otro Señor que gobernaba el mundo, y las cosas sublunares llaman Iguaya hiraji, compuesto de guaya que significa espíritu, y hiraji cielo. Conocen haber demonio y llaman Guayote, y que él sólo tiene la pena en la tierra y en los sitios en que hay volcanes, fuego y azufre, y en particular en el monte de Teyde, Adoraban por cosas celestial y suprema deidad a La Virgen de Candelaria y al niño en su mano derecha llamaban Chijoraji; hasta el tiempo de la conquista, contaban haber cien años solares que tenían a esta Señora en su tierra, muy poco más o menos, y hacía en ellos admirables prodigios en medio de ser paganos e idolatras; hacían largas romerías a visitar los huesos de sus sepulcros en todo semejantes a los canarios y en particular había los mas frecuentes en el pico del Teide y también juraban por los huesos de sus antepasados a modo de venganza o pleito homenaje; en sus sacrificios se les aparecía el demonio en varias apariencias, y de ordinario en la de perro grande y lleno todo de lana, llamaban cancha guacancha; otros ponían el cuerpo boca abajo hablando algunas palabras dentro de un hoyo, y así llamaban al ausente aunque fuese de muy larga distancia. (Tomás Marín de Cubas, 1993:220-1)
Creemos que la afirmación de Abreu Galindo en cuanto a que los guanches no adoraban ídolos, fue fruto de la desinformación. Evidentemente, en la rica cosmogonía guache, tenían y adoraban a determinadas imágenes no menos de nueve según Sedeño como tendremos oportunidad de ver.
El único de los historiadores canarios que supo ver el origen Oriental de la Religión de nuestros antepasados, (a pesar de su profundo catolicismo) fue el guanche de ascendencia mahorera D. Tomás Marín de Cubas. El espíritu de aguda observación mostrado en su obra por D. Tomás, no fue del agrado de los poderes coloniales de la época como tampoco lo ha sido para las posteriores, quizás por ello fue considerada “obra maldita” por los detentadores de la Historia oficial y oficialista, siendo postergada y condenada al ostracismo como lo fue también otra de las obras cumbres de la historiografía canaria, nos referimos a la Historia del Pueblo Guanche del insigne amesnau tinerfeño D. Juan Bethencourt Alfonso. Estas dos obras básicas para el acercamiento a un conocimiento de la Historia de Canarias, no mediatizada ni falseada por la visión triunfalista y etnocentrista que nos han venido trasmitiendo durante centurias, en las que se han venido sosteniendo toda una serie de falsedades y falacias en torno al pueblo dominado, capaces de hacer sonrojar a cualquiera que no esté de una manera u otra captado por los intereses coloniales-culturales de la Metrópolis en Canarias. Estas dos obras fundamentales para entender y comprender nuestro pasado, han venido siendo citadas profusamente por los autores españolistas, pero al mismo tiempo han sido ignoradas tanto por organismos públicos como por los entes académicos, quizás por ser considerado su contenido demasiado peligroso, para el endeble andamiaje histórico que sobre nuestras islas han venido construyendo los guerreros de antifaz con patentes de corso en la cultura canaria. Llegados a este punto, quiero hacer una digresión, es digno de destacar que el hecho de que estas dos obras cumbres hayan visto la luz pública, es debido al entusiasmo de dos honestos investigadores canarios a quienes deseo rendir mi modesto homenaje: D. Manuel A. Fariña González, en el caso de la obra de D. Juan Bethencourt, y a D. Francisco Ossorio Acevedo en la de D. Tomás Marín. Así mismo, no puedo dejar de reconocer el esfuerzo económico que fue necesario para la publicación de las mismas, asumidos también por dos canarios de pro: D. Francisco Lemus, quien asumió el riego de la publicación de la obra de D. Juan Bethencourt y la del Director de Ediciones Globo para la de D. Tomás.
Veamos algunas de las notas que sobre el origen Oriental de la Religión Guanche nos trasmite D. Tomás, o como él dice:“Sectas gentilicias, y costumbres persianas” (mesopotámicas e egipcias. Debemos tener en cuenta que D. Tomás escribió su obra sobre 1694).
...Mirlaban los canarios sus difuntos, fue uso de Sirios y Egipcios dice Alejand. En Alejandro lib. 3 cap. 2 Divrum Génesis, donde dice que ponían dentro del cadáver resina de pino, y polvo de cedro, sal y mirra: Muchas naciones los Agrigentinos, Tártaros y Hebreos, los primeros tenían sus difuntos en sus moradas haciéndoles sacrificios con luces, fuegos y comidas, o los tenían presentes mirlados, o pintados en tablas o pared escritos con loores de vencedor, a el Capitán o Rey, y a éstos llamaban Lares; los Tártaros hacían debajo de tierra aposentos a sus embalsamados, los Hebreos en sepulcros arcas de piedra, y los romanos lo mismo en mármoles, y alabastro; en los canarios se hallaron estos modos de mirlados y sepulcros entre pedregales, el cual tienen los Árabes. (Tomás Marín de Cubas, 1993:379)
Genios.
Los Egipcios fueron lo que adoraron Idolos primeros que otros, en forma de animales, o en aquella en que al Demonio le era más convenible, no tuvieron esto los canarios, aunque el Demonio se les aparecía en forma de perros, de gallina con pollos o caballo y pava. (Ibiden: 380)
Diezmos.
Fue costumbre de muchas naciones el cierta limosna de las cosechas de sus frutos a modo de diezmos; en la Ley Vieja daban de 40 partes una, y otros de 70, y otros daban ofrendas según su voluntad, y en ellos hubo según costumbre; tuvo principio desde Adán dando Caín a Dios lo peor, y poco, y Abel lo más y mejor, el primero que pagó el diezmo fue Abraám a Melquisedec de la presa que quitó a los Reyes que llevaban cautivo a su sobrino Lot: usaron de cierta porción ofrecida de sus frutos los canarios, que algunos juzgaron fuesen Diezmos como ya hemos dicho.
Los Romanos ofrecían al genio que adoraban, asaduras de animales sacrificados envueltos en harina de centeno. Según Plutarco, y Pausianas lib. 3, hacían sacrificios de perros al genio, Pan y Lycro, y a los genios de los Campos Elíseos era de Cabras y Cabrones blancos; y así los Romanos como los Sirios hacían sacrificios a la estrella de los Caniculares matando en sus fiestas gran cantidad de perros; y Plutarco dice que este sacrificio era también a Gessia; y al genio Rubigo sacrifican perrillos pequeños como los Argivos a Proserpina en el mes de Abril para limpiar el pulgón, y los comían por regalo, y los Boecios sacrificaban a Diana perros, y los hombres forasteros a modo de los Indios Mexicanos; los Romanos al templo de la Fortuna regaban con leche de cabras; y sus pastores eran devotos de Poles, a quien de noche festejaban con bailes, fuegos y comidas, luchas, carreras y gritos cantando endechas tristes de lástima y pesar, y después todos comían carnes asadas de cabra, y cabrón blanco bebiendo mucha leche; ofrecían leche también a Flora, Vesta y Agria, que es a los genios de la tierra, campo y flores; Rómulo siempre a todo genio otra cosa, que leche no sacrificó, y este oficio fue de la Vírgenes Vestales llamadas Harimaguadas. San Agustín lib. 2 De Civitate Dei, y lib. 4 cap. 11, y Marco Varrón lib. De Rerum Etica.
Los Griegos y muchas naciones rodeaban el campo, templo o riscos, pidiendo a voces el remedio para los campos, y ganados, y lo mismo hacían los Romanos cantando himnos o canciones a su genio, sacrificaban una puerca parida o una vaca; luchaban y bailaban, comían carne asada, haciendo lo mismo en sus casamientos sacrificaban a los Lares un cochino; ofrecían para hacer rebaño de cabras pintadas las fiestas de Pan, y Minerva, y también leche, miel, vino, y un castrado, cabrito o cabrón pintado de blanco.
Los paganos que adoraban al sol, luna o estrella de Júpiter no tenían templo, y en su lugar montones de grandes piedras, y en los altos riscos hacían corrales, que les servían de templo.
Los Mauritanos según Lucano lib. De Farsalias, y Plutarco Lib. 5 Inita Cosaris tuvieron en adoración a su Rey Juba como los Romanos a Rómulo, y fue costumbre de muchas naciones: En Canaria hacían los Canarios juramento por Tirma en cierto risco llamado de este nombre, Silio Itálico refiere muchas veces en las Guerras Púnicas, a Agua Tirma y parece que fue Gigante como fue Jucancha, o Junicaso en Thenerife; y los majoreros tuvieron a Magot, y todos lo referían al Sol.
Los Árabes sacrificaban al Dios no conocido llamado de otros mismos Hado fatal, y de los griegos y romanos Forti Fortuna, y de los filósofos la voluntad de un solo Dios todopoderoso, Causa de todas las causas; por medio de ciertas Vírgenes que tenían en clausura en forma de comunidad hasta tiempo de casarse, engordaban cuanto fuese posible a un camello nuevo que les sacrificaban, y estas también solían pedir buenos temporales: y de esto usaron los Canarios, menos el no tener camellos. (Tomás Marín de Cubas, 1993:380-1)
Como podemos apreciar, existe un amplio especio dentro de las religiones orientales y greco-latinas en que se alojan infinidad de figuras de seres intermedios que tienen sus respectivos exponentes en la Religión Guanche, básicamente porque todas estas religiones proceden de un tronco común. En la religión católica, la Diosa fue suplantada por el dios único de un pueblo, que después impusieron en el mundo “pagano” a la vez que tomaba de éste toda su comosgonía y ritos, simplemente cambiándoles el nombre y sustituyendo a los espíritus y genios por ángeles y santos, aplicando a éstos las atribuciones de seres intermediarios con la divinidad, como sucede con el Dios canario Chayuga protector de la Naturaleza y los animales silvestres cuyos atributos fueron asimilados al santo católico San Antonio. En todo caso, en todas estas concepciones religiosas forman parte indisoluble de las mismas los seres intermedios que aproximan la figura de la divinidad al mundo de los hombres, que le sirven de “mensajeros”, que la hacen visible y que protegen el curso de su vida, que habitan en su mundo, que cargan con la responsabilidad de sus lados oscuros, figuras a las que se le atribuyen los males que el hombre no puede explicar o cuya responsabilidad no se atreve a cargar. Es el mundo de los espíritus, los genios benignos y malignos, de los ángeles de los demonios. Un mundo reconocido en todas las religiones y tanto más complejo y abigarrado cuanto más cerca estamos de la religión olvidada por el pueblo, de la religiosidad ancestral, aunque no falta tampoco en las representaciones religiosas de las teologías y los cultos paganos oficiales.
El viaje de los espíritus
Quisiéramos referirnos en este apartado a la existencia del viaje de los Espíritus Vitales, o si se quiere, al lugar definitivo en que se hallan, puesto que si atendemos al texto de Scory, citado ut supra, las «almas» de los que han sido malos «están detenidas en aquel lugar», no como una situación definitiva, sino como un paso previo antes de su ubicación final en el seno de la Sol, donde después de un tiempo indeterminado pasa a integrarse en la esencia universal de la Diosa-Madre Chaxiraxi.
“Esta tradición solar se sintetizaría de la siguiente manera: creían que los espíritus de sus antepasados iban a parar al Sol, y cada mañana a su salida por el Este aparecían en el firmamento, realizando el itinerario diurno hasta que finalmente desaparecían, para de nuevo regresar al día siguiente. En muchas culturas este viaje de las almas en su morada solar se ha simbolizado con un carro; en Tenerife, este medio ha sido sustituido por pájaros y, en islas como El Hierro, se asimiló a una casa.” (Tejera Gaspar)
El concepto de Infierno en la sociedad guanche:
El concepto que del Infierno en el ancestral pueblo guanche-entendiendo como tal a todos los primitivos habitantes de todas las islas del Archipiélago-nos ha sido trasmitido por los cronista y primeros historiadores de la invasión y sometimiento de esta nación, ha sido ciertamente manipulados por dichos cronista e historiadores, o al menos desarrollados desde una óptica etnocentrista, ya que la mayoría de ellos fueron miembros del clero de la secta católica y los otros estaban profundamente influenciados por un cristianismo fanático propio de aquellos tiempos.
En época más recientes, la actitud del estamento académico y docente oficial y oficialista sustentado por la metrópoli ha continuado manteniendo las misma primicias doctrinales que sus antecesores, repitiendo y repitiéndose continuamente, sin que en la mayoría de los casos se hayan preocupado en investigar de manera seria y coherente el rico legado espiritual y cultural recibido de nuestros antepasados plasmados en muchos documentos generados por el propio sistema, además de la riquísima historia oral de nuestro pueblo trasmitida mediante la Tamusni. Naturalmente de este apartado debemos excluir a un reducido grupo de docentes e intelectuales canarios, así como otros que lo han sido de corazón, los cuales han sido capaces de bordear las restricciones impuestas por el colonialismo y han ido aportando interesantes estudios sobre nuestra ancestral cultura, religión y tradiciones.
Veamos algunos aspectos en torno al Infierno relativos a la primitiva sociedad canaria
recogidos por diversos autores.
El Teide y las fuerzas fatídicas
Tal como recoge el profesor A. Tejera Gaspar: “De entre los fenómenos que forman parte de la cosmovisión guanche se hallan todos los relacionados con lo que denominaremos genéricamente como fuerzas del mal, seres demoníacos, fatídicos, espíritus malignos, que se ubican en puntos distintos del paisaje o se significan en forma animada en zonas determinadas de él, o se materializan en árboles, fuentes; en forma de animales. A todos ellos se les considera como seres animados y dotados de vida propia.
Los autores que transmitieron información sobre nuestros antepasados guanches, coinciden en afirmar que concebían al Teide como el lugar que albergaba las fuerzas del mal.
Es posible que estos fenómenos producidos por un volcán como El Teide, son los que expliquen su relación con las fuerzas malignas de la naturaleza, procedentes del mundo inferior y, posteriormente, concibiéndolo así en su cosmogonía y asimilándolo, por tanto, a todos los hechos negativos: seres demoníacos, espíritus malignos, etc. La propia denominación, Eheide, una de las variantes con que se conoce al Teide, ha sido considerada por diferentes autores con el sentido de «ser malo», «área fatídica», J. Al-varez Delgado (1945:38), explica Echeide bajo la forma Ech-Eheide, sería «paraje fatídico» y Teide = T -Eheide significaría «el fatídico» o «el infernal», A, Cubillo ( 1983), piensa que Teyde puede asimilarse al verbo tuareg ESSED y que la forma ECHCHED, según el P, Ch, Foucauld significa «ser malo, ser fatídico», Asimismo, en la lengua de los kabilas de Argelia, se encuentra el primer fenómeno AZZED con valor de «ser malvenido». Este lugar, concebido como ubicación de las fuerzas malignas, se creyó la morada en donde se hallaban detenidas «las almas de sus predecesores que han sido malos» (Scory, en B, Bonnet, 1936:51 ).” (A.Tejera Gaspar, 1988:41)
La tradición literaria, como no podía ser menos, concibió al Teide como la ubicación del Infierno al interpretarlo a través de la cosmogonía cristiana.
«Los antiguos isleños lo llamaron Eheide que significa «infierno», por el fuego espantoso, ruido y temblor que solía hacer, por lo cual 1o consideraban morada de los
demonios». ( L. Torriani, 1978: 176).
«con todo esto conocían haber infierno, y tenían para sí que estaba en el pico de Teide, y así llamaban al infierno Echeide» (A. Espinosa, 1980:35).
Al asimilarse el Teide con la concepción cristiana del Infierno se desvirtuó una realidad de difícil comprensión -porque se halla inevitablemente mediatizada, por quienes son portadores de una cosmovisión contrapuesta-, dificultando así comprender cuál fue su sentido real. De manera semejante sucede con la personificación del demonio «mas conocían haber infierno, i que solamente era para el demonio llamado Guaiota» (A. Sedeño, en F. Morales Padrón, 1978:378),
Parece lógico que este Guaiota o Guayota se asemeje a la concepción de las fuerzas malignas, pero sin que sepamos qué papel desempeñó en su cosmogonía, puesto que como hemos señalado, aquéllas se manifiestan de manera muy diversa. ¿Es acaso el símbolo máximo de las fuerzas fatídicas? En todo caso, la documentación que poseemos permite plantear otras lecturas alternativas, En una misma información que figura en la denominada Crónica de A. Sedeño, se hace referencia a la creencia de los guanches en un «demonio llamado guaiota (,',) i que hauitaba en el volcán del pico de Teide» (A, Sedeño, en F. Morales Padrón, 1978:378),
“Decían que el alma no tenía pena o gloria; más conocía haber infierno, y que solamente era para el demonio llamado guaiota y al infierno llamaban Echeyde, y que habitaba en el volcán del pico del Teyde así le llamaron isla del infierno.” (A. Sedeño, 1983: 29)
De este pasaje de Sedeño, podemos deducir que guiota - guayota o Gabiot no es un demonio tal como lo conciben los católicos, un diablo cuyo reino se basa en las llamas eternas donde se achicharran aquellos que no siguen los preceptos de la iglesia católica.
Es en todo caso, un espíritu mediador entre la deidad y los hombres, que asume sobre sí los aspectos negativos de la comunidad. Tiene sus dominios en el Echeyde, es decir es en cierta manera un espíritu protector de los hombres y de lugar, cuyos dominios territoriales son el gran volcán, causa perenne de inquietud entre la población, por la amenaza que supone las erupciones del mismo, siendo misión del genio protector Guayota el velar por mantener al Teide calmado.
Además de su consideración de lugar fatídico por su propia naturaleza volcánica, el Teyde era considerado un lugar de estacionamiento para los espíritus que no habían observado una vida honesta, sin que ello suponga una concepción de purgatorio o infierno según los dogmas judeos-cristianos, mas bien se produce un periodo de tiempo indeterminado durante el cual el espíritu esta sometido a un proceso de purificación antes de emprender el viaje a la Sol, tal como apunta el profesor Tejera Gaspar: “...Señalando además el lugar en que se hallan los espíritus de estas personas que han tenido una mala actuación en su vida, desde luego en un sentido seguramente diferente al que se le atribuye en la cosmogonía cristiana, pero que no somos capaces de comprender en su totalidad. Este lugar aludido (Echeyde) se emplaza en el Teide, confirmando su asimilación con una idea fatídica o <<Ser malo>> conque se identifica las fuerzas del mal, como hemos estudiado en éste mismo capítulo...” ( Antonio Tejera Gaspar, 1987:49)
Como hemos dicho el concepto de infierno no es el mismo para los guanches y para los católicos. Para nuestros antepasados, este concepto se refiere a lugares fatídicos, sitios con connotaciones poco deseadas bien porque las energías telúricas de estos lugares sean negativas o bien porque en ellos hayan sucedido hechos luctuosos que afectan a la comunidad, adquiriendo así. la calidad de lugar fatídico, este aserto queda corroborado por el hecho de que gran número de lugares y más concretamente barrancos de nuestras isla ostentan el topónimo castellanizado de infierno, sin que ello presuponga ni está recogido en ninguna fuente que estos barrancos estén considerados como lugares de estacionamientos temporales de espíritus o maxios.
Al respecto el Dr. Bethencourt Alfoso nos legó un catálogo de topónimos correspondientes a la isla Chinet (Tenerife) con el nombre de Infierno, veamos:
“Veremos al tratar de la teogonía guanche, que situado Chinechi en el centro de la Tierra, si bien comunica al exterior por medio del Teide, parten de dicho antro subterráneos ideales a distintos puntos de la isla, que aún llevan el nombre del infierno por el papel que jugaban en su liturgia, como son: «El Infiernillo» o «Barranquillo del Infierno», en cumbre de Taganana; «Barranco y Salto del Infierno», en el Borgoñón, Tegueste; «Hoyo del Infierno», debajo del Clavel, en el Sauzal; «Salto del Infierno», en los Riscos de las Canales, cumbre de la Victoria; «Cueva y Salto del Infierno» en Barranco Hondo y «Barranco del Infierno», entre Victoria y Santa Ursula; «Barranco del Infierno», después de Llarena en La Orotava; «Barranco y Salto del Infierno», en el Puerto de la Cruz; «Barranco del Infierno», próximo a los barrancos de Ruiz y de la Furnia, entre Los Realejos y San Juan; «El Infierno» o «Purgatorio», en los Toscales de Guaja, Igueste de Candelaria; «Barranco del Infierno»; en Adeje; y «Barranco del Infierno», debajo de Mazca, en Teno de Buenavista».(Bethencourt Alfonso, 1991)
*Guayre Adarguma Anez’ Ram n Yghasen, seudonimo de Eduardo Pedro García Rodríguez.
Ciudad colonial de Eguerew, noviembre de 2007.
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